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Corazón a Corazón

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El terremoto del 6 de abril de 2009 a las 3,32 horas fue una señal y una terrible advertencia que las mentes y los más sensibles captaron y acogieron en sus corazones.

También lo percibió la Iglesia católica, que se movió inmediatamente en las formas y en los tiempos que este evento ha requerido y requiere para todos aquellos a quienes les importa el destino de esta humanidad, como la de Abruzzo, herida y lesionada en sus parte vitales e igualmente confusa sobre los cuidados inmediatos, que por supuesto no se pueden a limitar a un apoyo exclusivamente económico para la reconstrucción de tantos edificios lesionados y abatidos por este sisma, que ha alzado el nivel del Gran Sasso un metro y ha desaguado un lago.

Alrededor del Gran Corazón de L’Aquila, la Basílica de Collemaggio, se ha extendido un red de amor en la que fluye una energía viva y pulsante, que mantiene en vida a su cuerpo lacerado y le ayuda a cicatrizar sus heridas una a una, ayudándole a recuperarse y regresar a la vida.

Maria Grazia Lopardi, en un intervención suya de gran intensidad en un congreso celebrado en Roma organizado por la asociación Alba Mágica, habla de esta red y de una sensación difundida de que la época que nos aprestamos a vivir es la prevista por antiguas profecías y que, en vista de los numerosos síntomas, entre los que se cuenta el terremoto, ha llegado el profetizado momento del advenimiento de la Edad del Espíritu.

Se acerca a grandes pasos una época de un gran cambio en los equilibrios y en las relaciones con el mundo, tal y como actualmente se percibe y se vive, cambios que tendrán repercusiones en el plano físico y psíquico y que supondrán el abandono de la actual frecuencia vibratoria y del estado de consciencia relacionado con la misma.

Existe un puente cada vez menos imaginario y simbólico, que une la Edad Media  a nuestra época y existe un Pontífice que, ahora como entonces, volverá a unir las dos orillas.

En la Edad Media se había alcanzado a nivel popular una tensión sobrenatural, como una espera mesiánica de una irrupción de lo Divino en lo humano. Gracias sobre todo a la acción de los espirituales franciscanos, se atisbaban las señales de una renovación total, la profetizada por Gioacchino da Fiore, monje calabrés muerto en 1202, el cual había previsto para el año 1260 la entrada de la Edad del Espíritu, que sucedería a las del Padre y del Hijo. Edad introducida por un Papa angélico con el que "la Iglesia Carnal", corrupta e impura, daría paso a la "Iglesia Espiritual", la comunidad de los fieles iluminados por el Espíritu y por ello dotados de conocimiento y discernimiento.

Cuando en 1294 fue elegido en solio pontificio con el nombre de Celestino V (Celestino III había reconocido la orden de Gioacchino da Fiore) Pietro Angeleri, un pobre ermitaño molisano considerado santo ya en vida, todos vieron en él al Papa angélico de la profecía.

En su breve pontificado, terminado con su renuncia por no ser los tiempos aún lo suficientemente maduros para la Edad del Espíritu, llevó a cabo actos revolucionarios para su época, como imponer ser coronado (caso único en la historia  si se excluye el periodo aviñonés) en la Basílica de Santa María de Collemaggio, y promulgar, nada más ser elevado al solio pontificio, un edicto en el que concedía el perdón de las penas y de las culpas a todos aquéllos que se hubieran dirigido allí – con el ánimo reconciliado – el 29 de agosto de cada año, día escogido por Celestino para su  coronación, y celebración, para los católicos, del aniversario simbólico del degüello de San Juan Bautista.

Se trata del Primer jubileo cristiano, gratuito y dirigido al cumplimiento de actos que todo cristiano, de cualquier clase social o raza, podía decidir llevar a cabo, yendo a la Basílica y pidiendo “el perdón” de sus más o menos graves errores o equivocaciones, ojo,  "no pecados", porque no era necesario confesarse con un sacerdote y recibir el perdón y la penitencia ni tener la indulgencia plenaria como en el “Jubileo”, introducido seguidamente por Bonifacio VIII en vista del éxito que estaba obteniendo “la Perdonanza”, en la que los peregrinos podían desplazarse cuando querían y podían sin estar obligados a dejar óbolos, como en cambio solía hacerse en esa época.

De repente, con la renuncia de Celestino, con la destrucción de la Orden del Temple y, con anterioridad, de los Cátaros y de los Albigenses, con la acción de la inquisición, que devolvió a las montañas a los monjes espiritualistas, como en la antigüedad habían sido expulsados al desierto los Padres de la iglesia que no aceptaron las decisiones del Concilio de Nicea del año 325 d.c., se clausuró la época de la gran espera de la Edad del Espíritu, aplazada más de 700 años, proyectada hacia una humanidad capaz de recoger los frutos originados por las semillas lanzadas por Celestino, por los Templarios y por otros preparadores del momento de la gran siega.


A finales de 1200 el camino de algunos espíritus guía, siendo el último de ellos Papa Celestino V, se interrumpió. Intervino un eclipse y la luz se desvaneció.

 

La energía, precisamente esa energía que hizo que nacieran los Caballeros del Temple, el movimiento cátaro, el albigense y el cisterciense, autor junto a los templarios, de una increíble cantidad de catedrales de un estilo nuevo y futurista que llevó a un radical cambio en la mentalidad de la época  y que incidió en la economía y en diversos aspectos sociopolíticos de la sociedad liberando mentes y corazones, de repente se apagó.

Estos movimientos religiosos habían nacido y se habían desarrollado en el Sur de Francia, en la frontera con España, en particular en la Linguadoca, a inicios del siglo XII, con el  inicio de las primeras cruzadas. El encuentro con la cultura islámica, que llevaba en sí los gérmenes del primer cristianismo – el de los Padres de la iglesia, los gnósticos –  hizo que las comunidades cristianas de occidente redescubrieran un visión diferente de la relación con la divinidad y del modo de practicarla, visión totalmente rechazada por la Iglesia de Roma, que  estaba fundada y se desarrollaba con valores totalmente contrarios, que veía a esta visión como algo pernicioso para el poder central que estaba en manos de las más importantes familias romanas, las cuales habían transformado la Iglesia de los orígenes en un verdadero Feudo personal propiamente dicho, alternándose en el poder.

En el último tramo del siglo XII, esta Iglesia romana, este grupo potente, rico y corrompido, tomó la iniciativa y decidió que estos dos movimientos se habían vuelto demasiado peligrosos para su propia supervivencia porque su influencia en las comunidades cristianas se estaba extendiendo cada vez más, no sólo en el territorio francés, sino también en territorio español e italiano, haciéndose con un número cada vez mayor de entusiastas prosélitos. Estos gérmenes, que ante los ojos de la curia romana estaban infectando a las comunidades cristianas, debían eliminarse completamente, al igual que sus progenitores gnósticos, los Padres de la iglesia, que fueron obligados a dispersarse en las arenas del desierto  para escapar de las persecuciones que tuvieron lugar tras el Concilio de Nicea del año 325, el cual, también entonces, impuso un cambio radical en la forma de entender la relación con el divino, habiendo privado de autoridad a este enfoque exclusivamente subjetivo que para la Iglesia católica fue siempre inaceptable y devastador y supuso la infección de las propias bases de ese poder espiritual y temporal que había logrado imponer durante siglos, hasta el punto de que cuando consideró inadecuada e insuficiente una excomunión revestida de gravedad – que en aquel periodo histórico tenía un peso no indiferente para la comunidad cristiana  - llegó  al punto extremo de ordenar un completo aniquilamiento de los réprobos y destruir físicamente a “los herejes de turno”, como eran considerados los Cátaros y los Albigenses, contra los cuales Inocencio III llegá a organizar una cruzada que llevó a su científico e inexorable aniquilamiento físico.
Basta pensar en el asedio de Montségur, en el que los últimos Cátaros, incluidos ancianos, niños y mujeres, sobre todo si estaban en edad fértil, fueron pasados a cuchillo o quemados vivos, destino que también correrían muchos presuntos magos o brujas.

Ahora, a setecientos años de distancia de aquellos terribles eventos, parece que se ha vuelto a encender la chispa y  que de las cenizas de aquel terrible incendio vuelve a aparecer una llama, una pequeña llama como la que en los conciertos los jóvenes muestran con sus encendedores, haciéndolos bailar en la oscuridad de la sala en la que se han hacinado, unidos indisolublemente los unos con los otros, cuando su cantante preferido entona una canción especial.

Este canto de amor, este brillo de luces que lo acompaña, se alza hacia el cielo y se difunde en todas las direcciones superando las murallas seculares de esta ciudad, L'Aquila, que ha vuelto a ser el Centro espiritual de la Humanidad, la "caput mundi", tal y como era en la intención de sus fundadores, que la edificaron a imagen y semejanza de Jerusalén, que durante siglos había cumplido con este cometido y cuya conquista costó tantas vidas humanas.

Jerusalén en 1244 había caído definitivamente en manos de los infieles, que también habían capturado a San Luis, Rey de Francia. Jerusalén había perdido este papel central, que le fue asignado por la cristiandad, precisamente por la imposibilidad de convivencia entre religiones demasiado absolutistas y recíprocamente incompatibles.

El único que logró llegar a un entendimiento con los musulmanes fue el Emperador Federico II, quien en 1229, para salir en ayuda de los deseos del Papa y para evitar una excomulgación, organizó la “Cruzada de los Excomulgados” gracias a las óptimas relaciones instauradas por Fray Elías en sus dos años de permanencia en la Corte del Sultán de Damasco Malik el Kamel, de quien se había hecho amigo y confidente como lo fue seguidamente de Federico II, quien se sirvió precisamente de sus servicios para alcanzar unos acuerdos directos, sin esparcimiento de sangre, durante la IV cruzada, que llevaron a la restitución de Jerusalén, Belén y Nazaret.

Son demasiadas "las coincidencias" que llevan a indicar que Francisco no fue solamente  "el pobre San Francisco" de Asís , ni Elías simplemente un "excomulgado" ni Federico "el Anticristo del Apocalipsis".

Prospero Calzolari, en su "Massoneria Francescanesimo Alchimia" (Masonería Francescanismo Alquimia hace notar con razón que el vínculo oculto que une a estas tres figuras está bien lejos de haberse esclarecido de manera definitiva, ello en parte gracias a quienes – como también sucedió para Celestino V y para la Basílica de Santa María de Collemaggio, con innegable diligencia, en el curso de la historia, se encargaron de que desaparecieran documentos y manuscritos, además de objetos consagrados e importantes e insustituibles reliquias."

Para comprender la verdadera grandeza de la obra de Francisco y de Elías y los motivos que les unieron indisolublemente al emperador Federico II, sería necesario reconstruir su historia y el subseguirse de los eventos distorsionados y escondidos después de tantos siglos de oscurantismo y de intencionado mimetismo histórico de una de las figuras más eminentes de aquel periodo histórico (afirma Dallari en su libro dedicado a la figura de Elías, que no por nada se llama "El drama de Fray Elías" Milán, 1974). Y que Fray Elías fue una persona particularmente dotada lo dejó claro Calzolari en su breve ensayo publicado por la Editorial SeaR, desaparecido del mercado editorial como el personaje que tanto influyó en los eventos históricos del siglo XII y que San Francisco consideraba “Madre mía y Padre de todos sus hijos”.

Si hubiese sido un simple fraile, Fray Elías no habría llevado a cabo, en nombre de San Francisco, encargos tan importantes y delicados, llegando a convertirse en su brazo derecho. Ni habría aceptado una "misión imposible", desplazándose en 1217, durante la IV cruzada, a Siria y a Damasco a la corte del Sultán Malik al-Kamil para intentar colocar unas bases para conseguir alcanzar unos acuerdos de paz, poniendo fin a esta guerra infinita, tal y como muestra esta foto realizada por una agencia fotográfica que refleja perfectamente el espíritu que unía a estos dos hombres.

 

Elías consiguió conquistarse la confianza del Sultán y obtuvo un salvoconducto especial y único  gracias a las óptimas relaciones que se instauraron en sus dos años de permanencia en la corte del Sultán, de quien se había hecho amigo y confidente, como más tarde lo sería del emperador Federico II, quien se sirvió precisamente de sus servicios para alcanzar unos acuerdos directos sin derramamiento de sangre durante la IV cruzada, respecto a la cual, concluida en 1229 sin derramamiento de sangre, (véase el anterior punto de este sitio) el historiador francés Julien Green en su acreditada biografía de San Francisco (Milán, Rizzoli, 1984) no duda en suponer que precisamente "Malik al-Kamil restituyó Jerusalén a Federico II quizás conquistado por las ideas de San Francisco".

Las mismas consideraciones deben hacerse sobre la obra de Celestino y sus estrechas relaciones con la Orden del Temple, que se mantuvieron vivas y constantes durante 20 años, desde 1274, en Lión, donde tuvo lugar el primer contacto – que llevó a la decisión de financiar la construcción de la Basílica de Collemaggio ya desde 1275 – hasta 1294, año en el que aceptó ser elevado al solio pontificio para asumir el cargo de 1er Papa templario, haciendo suyo, como lo fue para los Templarios, el gran "sueño de una pacificación universal" basada en un entendimiento efectivo y una recíproca  comprensión entre las fuerzas contrapuestas del Islam y de la Cristiandad, en la que también estuvieran incluidos los Judíos.

La misma moderna visión del mundo de Martin Luter King en su célebre discurso "I have a dream", expresada a principios del siglo XII por Federico II, San Francisco y Fray Elías en la utopía de una civilización en la que pudieran convivir las más distintas razas, religiones y filosofías, o para ser aún más actuales, la intuición de poder componer de manera incruenta el irreducible antagonismo entre la sociedad islámica y la cristiana, como demostraron desplazándose personalmente a Siria y a Palestina, dónde fueron los únicos que lograron ser aceptados como cristianos y consiguieron llegar a acuerdos con el más acérrimo enemigo de la cristiandad.

Parece que el tiempo de la espera está llegando a su final y con el advenimiento de la Edad de Acuario se está preparando de nuevo el cambio total y el mensaje del perdón del Papa ermitaño y el conocimiento templario de la espiritualización de la materia adquieren el valor de una preciada herencia por recibir.

Aquello que durante siglos ha permanecido "velado" vuelve a ser "revelado", para ser nuevamente "re-velado".

En efecto, una energía potentísima está estremeciendo la tierra y está aumentando su frecuencia, como han detectado los expertos, mientras que el magnetismo terrestre, que nos une a la tercera dimensión, está disminuyendo, proporcionando una gran oportunidad para "volver a levantarse" (esto es, para cambiar  la frecuencia vibratoria), y cada uno reacciona según la preparación que ha tenido en la vida y regresa, como hace tantos siglos, a los antiguos lugares sagrados, a las catedrales góticas y a los monumentos megalíticos o, en cualquier caso, con valor sacro como Santa Maria de Collemaggio, porque se percibe, o mejor aún, se siente que estos lugares se están reactivando para crear una especie de pasadizo del cielo en la tierra, una tierra intermedia en la que la exposición a energías de Luz blanca y negra, celestes y telúricas, prepara los cuerpos e inicia nuestro planeta.

Y de la existencia de este pasadizo epocal se ha dado cuenta perfectamente la Iglesia de Roma como se ha dado cuenta de la importancia que está adquiriendo a nivel mundial  la ciudad de L'Aquila y la figura de Papa Celestino V, el "Papa del Gran Rechazo", un papa demasiado incómodo durante siete siglos, un "cristiano sin Iglesia" o mejor aún, "un cristiano de todas las Iglesias", que había abierto la iglesia a todos los creyentes, independientemente de su fe o raza, y sobre todo a aquéllos que eran aborrecidos y no aceptados por el poder constituido o por la Iglesia de Roma, siguiendo el mismo comportamiento y la misma apertura mental mostradas por los Templarios, que tanto inspiraron a Celestino, durante las cruzadas declaradas por los distintos Papas que se sucedían en el poder, para liberar a Jerusalén, considerada entonces el Centro espiritual de la cristiandad, y quitársela a los descreídos.

 

Una vez conquistada la ciudad mostraron, en efecto, un profundo respeto precisamente por la fe de aquellos que se eran considerados "infieles sin fe" por la Iglesia de Roma, permitiendo al Emir Usama que rezará a Alá en su Casa Madre, que no era sino la vieja Mezquita de Al Aqsa construida sobre las ruinas del Templo de Salomón, defendiéndolo de los cristianos que querían impedírselo.

Ese Templo, construido sobre las ruinas del Templo de Salomón, era un lugar sagrado dedicado al Señor por los Hebreos y por los musulmanes y no pertenecía a quienes lograban momentáneamente poseerlo, sino que era y debía seguir siendo un lugar en el que fuera siempre posible que cualquier persona de cualquier fe o  credo dialogara, sin intermediarios, con su Dios, porque se puede sustituir el medio en el que rezar a Dios, pero no el lugar donde rezarle.

Este respeto hacia la fe de un acérrimo enemigo se refleja también en la Basílica de Santa María en Collemaggio, erigida por orden de Celestino V y de los Templarios con el mismo espíritu ecuménico.

Cualquier persona, de cualquier clase o raza, sin distinción alguna de fe o de credo, podía dirigirse a L’Aquila, redivivo centro de la Ecclesia Spiritualis, cuando quisiera y pudiera, con la conciencia del mal hecho o de los rencores anidados en el alma y con la firme intención de cambiar, para pedir el " perdón" de sus más o menos graves errores o equivocaciones, sin necesidad de confesarse con un sacerdote y recibir el perdón y la penitencia, como en el ritual católico, no estando prevista ni siquiera “la comunión”.

El peregrino se "autoperdonaba", pero tenía que hacerlo de manera completamente profunda, sincera y arrepentida, teniendo que comprometerse con sí mismo y sólo con sí mismo y no repetir la equivocación.

Lo que era justo o equivocado le correspondía sólo a él decidirlo, siendo sólo suyos los valores y los principios de referencia, como para "los verdaderos masones", que son los herederos directos del Cuerpo electo de los Templarios, que imponía a quienes decidían formar parte de él un alto grado de moralidad en el respeto de la fe incluso de sus más acérrimos adversarios  y un físico preparado para afrontar pruebas a menudo sobrehumanas.

Un musulmán o un fiel de cualquier otra religión tenían que poder acceder a cualquier Templo dedicado al Gran Arquitecto del Universo.

Porque estos Templos eran unos instrumentos musicales de piedra, afinados para hacer que fluyera de nuevo la energía en los cuerpos, liberados con la ceremonia del perdón  de las escorias negativas acumuladas, y hacer que vibrara al unísono con la música de las estrellas cada célula de todo aquél que hubiera entrado en ellos con el “corazón abierto”, como en el relato de Eddy Seferian.

En Collemaggio se ha realizado un perfecto Centro anímico energético de vanguardia. Este circuito natural de piedra impreso en el suelo, aunque pueda parecer increíble y paradójico, funciona a todos los efectos como un clásico circuito eléctrico, cuya energía se transfiere a quien sigue el recorrido trazado en el suelo, estimulando su circuito nervioso y la circulación de la sangre.

Los materiales y los esquemas son distintos de los usados actualmente en las aparatos electrónicos modernos, pero esta particular disposición de las piedras blancas y rojas consigue efectivamente reproducir un circuito electromagnético y hacer que fluya la misma energía electromagnética.

El efecto es idéntico, o incluso superior para quien consigue percibirla, como han confirmado diferentes médiums que la han experimentado, entre los que se encuentra Eddy Seferian, un médium de origen armenio que, en un capítulo aparte, narra las impresiones recibidas y las sensaciones experimentadas.

No se han utilizado cables de cobre, sino piedras, dispuestas y orientadas hacia unas direcciones precisas, que reciben y pasan la energía telúrica procedente de abajo, de debajo del suelo, en el cual se ha impreso un circuito con las mismas funciones de los circuitos modernos, que utilizan otros materiales, en el que fluye la energía eléctrica.

Maria Grazia Lopardi, abogado del Estado en L’Aquila, a través de sus libros y sus conferencias nos ha dado una clave de lectura del Sator y del significado secreto de los símbolos escondidos en la piedra, tramando las enseñanzas dejadas por Celestino y por los Templarios, que han sido los principales artífices de la construcción de lugares sagrados de preparación para el paso del mundo visible al mundo invisible.

En "Notre Dame di Collemaggio", citando el título escogido por los dos autores mencionados, de hecho se realizó un sistema heliocéntrico capaz de funcionar (como los modernos superconductores ideados para transmitir millones de imágenes a la velocidad de la luz) de manera que se concentraran  las energías biopsíquicas de aquéllos que decidieran iniciarse en el camino de la búsqueda interior, ayudándoles a liberarse progresivamente de los bloqueos que las retienen.

Muchos médiums han confirmado las deducciones de Maria Grazia y las conclusiones a las que ha llegado. Después de numerosas experiencias vale la pena contar la vivida por Eddy Seferian, un médium de origen armenio, que como en otros ensayos en todas las épocas y civilizaciones, "ve y siente" entidades con las cuales es capaz de intercambiar mensajes y sensaciones, viviendo experiencias directas extra-sensoriales. Eddy ha alcanzado este estado psicofísico y nos ha hecho el regalo de contar estos encuentros y mensajes que ha recibido en un libro que ha titulado "la Grande Opera" (“La Gran Obra”, Ed. Anima).

En 2007 viajó a L’Aquila y visitó por primera vez la Basílica de Collemaggio, siguiendo el antiguo recorrido iniciático, atravesando, portal tras portal, este  "puente energético" ideado por Celestino V y puesto en marcha con la ayuda de expertos maestros templarios, profundos conocedores de geometría sacra, numerología, astrología y alquimia, además de astronomía.

Conoció a Maria Grazia Lopardi.

Cuando cuenta su experiencia, vivida el 25-26 de septiembre de 2007, Eddy nos lleva de la mano a atravesar estos 7 portales, señalados en el suelo, indicando cómo reactivar y potenciar uno a uno todos nuestros centros energéticos hasta alcanzar el octavo nivel y entrar en contacto con la energía primordial. En este viaje estuve junto a él como en muchas otras ocasiones, acompañándole en otros recorridos iniciáticos, en India y en Argentina, en el Aconcagua, y cuidando con el mismo amor este sitio, haciéndome promotor de esta iniciativa en apoyo de L’Aquila y de la Basílica de Collemaggio, en la que he vivido una de las experiencias más significativas, como cuento en mi relato.

Hay muchas puertas dimensionales en nuestro planeta, muchos lugares que permiten el acceso a planos más sutiles invisibles para la mayoría de las personas.

Desde el "Corazón" del Templarismo siguen llegándonos mensajes que sólo la Tradición iniciática sabe transmitir, pero que desafortunadamente ya no son comprendidos y practicados por la masonería moderna, que ya no es capaz, como sería su tradición, de fundir en un "unico corpus" la energética, la psicosomática y la evolución espiritual, de manera tal que volvamos a ser hermanos que, a través de una instrucción personal y específica en los tres grados diferentes, se convierten en  "hombres de conocimiento".

En el artículo dedicado a la "Masonería iniciática" un hermano masón aclara muy bien el objeto de trabajar en "Templos consagrados":

"en el momento en el que se abre, según las reglas establecidas, una ceremonia cualquiera de carácter fuertemente espiritual, sacrifical y esotérico, se determina la apertura de una nueva dimensión temporal, o más precisamente meta-temporal, puesto que el tiempo del rito ya no es el tiempo externo. Así como el espacio vulgar se ha desestructurado, también el tiempo ha tomado, o mejor dicho, recibido, una nueva dirección, quizás muchas direcciones, entre las cuales también se encuentra la de la inmovilidad."

Pocos hermanos se dan cuenta efectivamente de que en sus templos masónicos, en esos angostos locales que contienen los mismos símbolos, se reproduce y se realiza una pequeña Basílica de Collemaggio, un microcentro anímico energético cargado de "amor cósmico", que gira exactamente, como en el laberinto de las tres octavas, en el sentido de las agujas del reloj y en el sentido contrario para favorecer el encuentro y el intercambio energético entre el polo positivo y el negativo que cada individuo (hombre y mujer) lleva en sí, incluso con roles invertidos.

Y así como no se dan cuenta los masones modernos, aún menos se dan cuenta los mismos aquilanos, que aman sus iglesias pero no han comprendido hasta el fondo la peculiaridad de la Basílica de Collemaggio, que lleva siglos sin estar justamente valorizada, es más, intencionalmente puesta en “stand by” o mejor, utilizando la metáfora musical, "en sordina".

Pero esta potentísima (única en su género) Central de aceleración de las células humanas, ideada para permitir a cualquiera   - una vez que se haya purificado en cuerpo y en espíritu (véase Perdonanza) -  que estuviera preparado y dispuesto, recibir estas particulares y potentísimas energías cósmicas, de hecho ha sido sapientemente apagada.

Hasta 1970 el techo se ha rebajado; las columnas octogonales han sido recubiertas; el laberinto ha sido desmontado y parcialmente cubierto por el revestimiento barroco que recubría la columna  dominante.

- en 2006, con la publicación de los libros de M.G. Lopardi [2] y de M.Proclamato [5] sobre el "Secreto de las Tres Octavas" se ha llegado incluso a intentar cubrir con paneles de madera el dibujo de los > Tres ocho < y el 7° campo.

- Hasta el 6 de abril de 2009 a las 3,32 horas, el Símbolo de los > Tres 888 < ha seguido intencionalmente escondido por los bancos para los feligreses.

- El acceso al río subterráneo ha sido bloqueado y escondido de manera que nadie pueda acercarse y recoger el agua purísima que, tras haber sido analizada, parece poseer las mismas propiedades energéticas y curativas que las de Lourdes y de Madjugorie.

- El Secreto de los > Tres 888 < dirigido a transformar "el cuadrado de la materia en el círculo del Espíritu", ha permanecido así, como en muchas catedrales góticas, intencionalmente escondido y olvidado en la piedra.

Y mal tuvo que sentarle al arquitecto M. Moretti, Conservador de Bellas Artes, quién, a través de esfuerzos sobrehumanos consiguió sólo en 1970 restaurar el techo y las columnas, devolviéndoles su "forma octogonal", pero se le impidió que procediera con la restauración y el restablecimiento de la estructura medieval original, eliminando la superestructura barroca también en la nave y alrededor del altar. De hecho fue bloqueado y le obligaron a dimitir, recogiendo críticas atroces y totalmente injustificadas por el trabajo ya realizado, muriendo de pena por ello.

La única satisfacción póstuma es que en la única publicación póstuma (Luigi Lopez: Celestino V. Ed. G. Tazzi - Aquila) ofrecida a los visitantes se habla de su intervención, reproduciendo las fotos en blanco y negro de la nave antes y después de las restauraciones.

Ha sido el empeño de pocos aquilanos y en particular del arquitecto M. Moretti y más recientemente de la abagado del Estado Maria Grazia Lopardi, lo que ha hecho que se haya vuelto a encender la luz apagada a propósito hace tantos siglos y lo que nos ha estimulado a dedicar este Sitio:

- a la figura del fraile gemelo de San Francisco, San Pietro Celestino, que lo representa con la cogulla franciscana en recuerdo del acto de humildad y fe de Celestino, que rechazó a la "iglesia política" en favor de una más alta espiritualidad.

- a la Basílica de Santa María de Collemaggio.

Mandamos un SOS COLLEMAGGIO a todos los habitantes “virtuales” de L’Aquila esparcidos por todo el “Collemundo”, para que la adopten y la hagan volver a ser una Gran Tienda de Campaña, un lugar en el que sea siempre posible que cualquier persona de cualquier fe o  credo dialogue, sin intermediarios, con su Dios, porque se puede sustituir el medio en el que rezar a Dios, pero no el lugar donde rezarle si éste, como deseaba Celestino, había sido construido para ser dedicado al Señor de todas las razas y de todas las religiones.

La indulgencia plenaria concedida cada 29 de agosto en efecto estaba dirigida a todos, sin distinción alguna de fe o credo,  y precisamente por el carácter innovador y ecuménico y el “enfoque laico” dado a la Perdonanza, de cuya Bula  se encargan las Autoridades Municipales las cuales, al llegar la fecha, invitan al Obispo y al clero a participar en la ceremonia de apertura de la Puerta Sacra por parte del Alcalde de la ciudad, que es el único que tiene la autoridad para hacerlo después de la lectura de la Bula.

Y para terminar este capítulo, creo que vale la pena recordar algunas de las consideraciones hechas por mí en la presentación del libro "la Grande Opera" (La Gran Obra), que recoge algunas de las experiencias vividas en India junto a Eddy:

"He caminado, junto a Eddy, durante siglos y he recorrido miles de kilómetros en todas las direcciones, pero en realidad… pocos centímetros hacia mi corazón".

Eddy llegó hace tiempo y, como muchos sabios, vuelve atrás para mostrarnos el Sendero.

Su narración nos indica la vía y, para quienes saben leer, los métodos y los instrumentos. Espero que se encienda también en vosotros esa chispa de luz que os haga invertir vuestro modo de pensar, de ver, de sentir y para aquéllos que “ven” y “sienten”, como Eddy, éste no es "un relato fantástico", sino "el encuentro" entre "dos corazones", entre dos cronistas, el relacionado con la tierra con el relacionado con el cielo, la crónica de una experiencia que ha permitido, después de 700 años, la reunión de las dos orillas, reabriendo la libre viabilidad al "Punte de Luz" construido por el que sería Pontífice Celestino V para los ciudadanos de L’Aquila,
"pontefice, facere pontem”, para favorecer el encuentro entre cielo y tierra y garantizar y mantener "la pax deorum” y quizás no sea por casualidad que el 6 de abril de 2009 a las 3,32 horas se haya abierto "una nueva puerta", que para los romanos era precisamente quien tenía la tarea de

un pasadizo directo hacia el cielo estrellado, en el que el espíritu de Celestino se ha materializado un instante, volviendo a respirar al unísono con su  ciudad, y ha sonreído.

Corazón a Corazón