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El misterio de la tumba de San Francisco

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El misterio de la tumba de San Francisco >¿Tumba o Sarcófago?

> ¿Por qué Fray Elías quiso que el cuerpo de Francisco fuera enterrado sin testigos y lo escondió tan bien que han tenido que pasar 600 años para que sea descubierto?
> ¿Cuál es
el mensaje cifrado de los objetos colocados a propósito por Fray Elías alrededor de los restos mortales del Santo?
> ¿Por qué nadie ha intentado descifrarlo nunca ?
> ¿Por qué el anillo y los 29 granos de la corona, (17 de ébano y 12 de ámbar) colocados entre los pies del  Santo de Asís,  se han hecho desaparecer o han acabado diseminados,  como todos los documentos y el archivo secreto de Fray Elías?
> ¿Dónde ha ido a parar la 12a moneda de plata?
> ¿
Dónde han terminado el fragmento de hierro y el tallo de una espiga de trigo colocados a los pies del cuerpo, junto al anillo con corniola?
> ¿Se han perdido todos ellos o se han diseminado o escondido a propósito a los ojos profanos?
> ¿San Francisco era un  Caballero Templario, iniciado por el Conde Gentile delle Fonti ?
> ¿Durante su estancia en Egipto fue iniciado – como Renè de Chateaubriand, embajador francés – en los Caballeros del Santo Sepulcro con la espada de Goffredo de Buglione, custodiada en la Sacristía del Convento de los Frailes Menores en Jerusalén?
> ¿San Francisco había sido reconocido y aceptado como un  Maestro SUFI, algo que confirmaría también el Sayal Blanco y el cuerno y las varillas de marfil que le regaló el Sultán de Egipto MaliK -al  Kamil y que ahora están expuestos en la Capilla de las Reliquias cercana a la tumba?


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En los capítulos anteriores hemos concentrado nuestra atención en la Basílica de Collemaggio y en el Secreto de las Tres octavas, destinado a transformar

"el cuadrado de la materia en el círculo del Espíritu"

secreto que desafortunadamente ha permanecido escondido a propósito y olvidado en la piedra como las reliquias excepcionales ofrecidas por los Templarios a Celestino y completamente desaparecidas, pero que hasta hace pocos siglos se mostraban a los peregrinos durante la Perdonanza celestiniana, como la espina de la corona apoyada sobre la cabeza de Jesús, o el índice de la mano derecha de San Juan, que Balduino, Rey de Jerusalén, había entregado a la Orden.


No sólo las reliquias han acabado por desaparecer y han terminado olvidadas en el tiempo, sino que la misma cosa le ha sucedido a también a una de las figuras más eminentes de ese periodo histórico, Fray Elías, sucesor de San Francisco y guía de la Orden de los Frailes Menores,

arquitecto y gran conocedor de las artes alquímicas, amigo íntimo y asesor del santo Francisco y hasta del mismo emperador Federico II, a quien ofrecía sus consejos en materia de construcción de castillos y de iglesias, indicándole los lugares más adecuados para el asentamiento de dichas construcciones, a menudo encima de antiguas ruinas clásicas, como es el caso de Castel del Monte en Puglia, reconstruido en su actual forma octagonal sobre un antiguo castro romano  proyectado por Vitruvio,

o la Basílica de Asís, erigida, bajo su hábil conducción, por las libere muratorie de la época. En la Biblioteca Nacional de Florencia, en efecto, se encuentra un manuscrito con un título que ya de por sí es elocuente: "Speculum artis Alkimie Fratris Helyae O. Min. S. Francisci, qui ex dicta arte componi fecit seu fabricare Ecclesiam S. Francisci in Assisse", explícita confirmación del "método" usado por Elías para la erección de la basílica de Asís.


De ello se obtiene otra confirmación más en el antiguo cementerio de la iglesia, donde se encuentran unas tumbas que, según la lista compilada en 1509 por el sacristán Fray Galeotto, se clasifican como "sepultura de todos los maestros lombardos (otro nombre con el cual se designaba a los maestros comacinos) de la ciudad de Asís".
En una de estas tumbas está enterrado el Maestro Juan, hijo del Maestro Simón, muerto el 7 de julio. En la lápida, sobre un fondo de piedra roja de Asís, destacan dos grandes estrellas de ocho puntas, con dos leones rampantes y un escudo cruzado en su interior (el león y la cruz se convertirían más tarde en el escudo de armas de la ciudad de Asís).
Otra de las tumbas, perteneciente a Ciccolo de Becca, muerto en 1330, presenta un conjunto desconcertante de símbolos: la Rosa-Cruz junto a una escuadra y un puntero y, de nuevo, una estrella de ocho puntas.

Elías, Vicario general de la Orden, coadyuvado por los más expertos "maestros comacinos" de la época, consiguió encontrar los recursos para construir "el Santuario" y  "el Convento" en 1228 para poder conservar el cuerpo de San Francisco, nacido en 1182 y fallecido el 3 de octubre de 1226.

La primera piedra para la Iglesia Inferior la posó el Papa Gregorio IX el día siguiente a la canonización del santo en fecha 17 de julio de 1228


Los trabajos de construcción iniciaron a dos años de la muerte del Santo. 


Los trabajos para la primera terminación fueron llevados a cabo en unos dos años, para permitir la traslación de los restos mortales de San Francisco, provisionalmente sepulto en la Iglesia de San Jorge (la que más tarde sería Iglesia de Santa Clara).

El terreno rocoso sobre el que surge fue donado a los Frailes Menores por los ricos terratenientes de Asís, pero oficialmente la donación fue efectuada a beneficio del Pontífice Gregorio IX, en virtud de la regla franciscana de la pobreza absoluta
del Vaticano.


La colina, antes conocida como la "colina del Infierno" ya que era el lugar en el que se ejecutaban las sentencias capitales, fue llamada "colina del Paraíso", precisamente porque estaba destinada a acoger los restos del Santo.
El inicio de las obras para la Iglesia Superior no se aplaza, y debería haber tenido lugar tras la abdicación como General de la Orden de fray Elías en 1239, que hasta entonces había dirigido los trabajos de la Iglesia inferior románica.



Las dos iglesias,
en cualquier caso, fueron consagradas por el Papa Inocencio IV en 1253, año en el que todavía no habían iniciado las decoraciones de los frescos, que se realizarían más tarde.

Las enjutas de la bóveda (1315-20) representan la Apoteosis de San Francisco y las Alegorías de la obediencia, de la pobreza y de la castidad por obra del llamado Maestro de las Enjutas.


En las paredes de la nave, después de una restauración, han vuelto a aparecer los primeros frescos de la Basílica, todavía de dudosa atribución, quizás obra de Giunta Pisano o de un alumno suyo. El ciclo de frescos, que representa algunas vicisitudes de la vida de San Francisco, fue mutilado por la apertura de los arcos de acceso a las capillas laterales.
Inicialmente la Basílica de Asís fue proyectada como un edificio de dos plantas, de las que la inferior representa el Santuario propiamente dicho.
La nave central es de estilo románico y está inmersa en una sutil penumbra, dado que en la concepción de Fray Elías la Iglesia inferior debía servir como "cripta".

El suelo de la Iglesia se ha realizado con mármol  de color blanco-rosado del Subasio, que crean un sugestivo efecto cromático  recordando a los "símbolos templarios".


A la Iglesia Inferior se accede a través de un portal de estilo gótico, dominado por un rosetón finamente cincelado, obra de Francisco de Pietrasanta, de finales del siglo XV.

A la izquierda de la entrada están expuestas en un capilla algunas reliquias del Santo, como "una mísera túnica de Fraile", que no es la original vestida por el santo unos momentos antes de morir, que le fue ofrecida por Fray Elías, y que ahora se encuentra en la Basílica de Cortona, con otras dos reliquias, la "almohada", sobre la que  Francisco había reposado su cabeza en los últimos instantes de su vida y "el evangeliario", que llevaba siempre consigo.



El altar mayor data de 1230, el baldaquín, en cambio, es del siglo XIV. En su origen estaba rodeado por "12 columnas", en evidente analogía con el Sagrado Sepulcro de Jerusalén, pero fueron eliminadas en 1870 por incultos e incompetentes, como desafortunadamente tantas veces ha sucedido.

Aún más asombrosa fue la decisión de un Obispo de Chartres, que hizo sustituir las vidrieras alquímicas detrás del altar porque, según su opinión, no daban demasiada luz.

En el centro de la nave encontramos dos escaleras que conducen a la cripta, en la que se custodian los restos mortales del Santo, aperturas que en el momento del traslado de las reliquias aún no se habían realizado. 

En el centro de la cripta, en un bloque único de piedra marmórea, donde durante siglos habían estado conservados los restos, se ha creado un altar, detrás del cual se encuentra la urna que conserva los restos del Santo.  En las paredes de este pequeño espacio, protegidas por unas rejas, se encuentran las sepulturas de los cuatro secuaces de Francisco, los santos Rufino, León, Masseo y Ángel Tancredi. Sobre la elección de estos cuatro secuaces no hay una versión segura. Seguramente se trata de aquellos que habían estado más cerca del Santo Francisco. Pero podrían existir también razones vinculadas con la vida del Santo y con los primeros 12 hermanos, los cuales formaron el grupo que hacía de corona a Francisco en los albores del movimiento.

Doce fueron, de hecho, los frailes que  Francisco quiso tener a su alrededor, como nos  transmiten "los Floretes", y a los que él amaba definir como "mis caballeros de la mesa redonda" (Speculum Perfectionis, IV, 72). Francisco provenía de una familia acomodada que le había permitido frecuentar las mejores escuelas de la época. Era un hombre muy culto que, además de en su idioma, sabía escribir en latín, sabía perfectamente el francés, conocía la música y había leído muchísimos libros y poemas de caballería en códigos de pergamino, habiendo leído a  Oliviero y los poemas sobre la leyenda del Rey Arturo y de los Paladines de la Mesa redonda, muy de moda en los ambientes que habitualmente frecuentaba.

( Speculum Perfectionis,IV, 72).

La historia nos indica como el "primer discípulo" a Bernardo di Quintavalle (magistrado), seguido por Pietro Cattani (canónigo en San Nicolo' y doctor en ley) (+10 Marzo 1221). Poco después llegaron Egidio (un campesino) y seguidamente Sabatino, Morico, Filippo Longo y Prete Silvestro. Siguieron después Giovanni della Cappella, Barbaro y  Bernardo Vigilante y por último Ángel Tancredi, el único de los primeros doce discípulos, que habían seguido a Francisco, cuyo cuerpo reposa junto al de Francisco. Habían llegado a ser doce y todos los compañeros vestían, como Francisco, un tosco sayal ceñido por una cuerda.

Inocencio III, cuando decidió reconocer a este primer grupo, considerado en un primer tiempo como hereje, los nombró como "clérigos", dándole a Francisco la atribución de "Diácono" y así permaneció durante toda la vida, como demuestra la ceremonia del Pesebre, ideada por primera vez precisamente por Francisco al regresar de su viaje a Siria, en la cual "la misa" es celebrada por "un  verdadero sacerdote", y luego el Santo "bendice" a los presentes.

La mesa redonda había sido re-compuesta y, como en todas "las fábulas", historia y leyenda se entrelazan, difuminando cada vez más la verdad de los hechos.



Una vez alcanzado el fatídico y simbólico número, a estos primeros doce discípulos se añadieron Masseo (de Marignano), León, Elías (Coppi) Ginepro, Tomás Celano (el primer gran biógrafo) y Pacífico (Guglielmo Divini). Hoy en la "cripta" de la Basílica Inferior de Asís se encuentran reunidos, junto a la tumba de San Francisco, los restos de los Santos Ángel Tancredi (+1258), León (+1271), el confesor de San Francisco, Masseo di Marignano (+ 1280),  Rufino, primo de Santa Clara y Santa Agnes, Fray Guillermo de Inglaterra y, a lo largo de la escalera que desde la Basílica conduce a la cripta, el cuerpo de la Santa [hermana] Jacoba de Settesoli, dama romana, mujer de Graziano dei Frangipani, que había donado "la almohada", una de las "tres reliquias" conservadas en la  Iglesia de San Francisco en Cortona, que también fue proyectada por Fray Elías y donde se encuentra su tumba.



Pero esta cripta fue creada sólo en 1822, ensanchando "el agujero" en el macizo de mármol calcáreo, del que sólo poquísimos conocían su existencia y su efectiva utilización, habiendo sido abierto en el macizo marmóreo con una precisa e inequívoca finalidad > preservar las sagradas reliquias de cualquier contacto impuro, como se hacía con los cuerpos embalsamados de los Faraones, cuyos sarcófagos" se volvían inaccesibles e inviolables.

Todavía hoy la Iglesia y el Convento forman parte del patrimonio del Vaticano.



Hemos querido definirlo a propósito como "un sarcófago", porque, como veremos, durante seiscientos años le ha estado garantizada y preservada  esta función.
Fue precisamente Elías quien creó, en la planta enterrada bajo el suelo de la Basílica inferior, perpendicularmente al altar mayor, aún por instalar, un local de la misma anchura y longitud,  con unos cuatro metros de profundidad, hasta donde fue bajado el sarcófago de travertino, que pesaba 12 quintales, envuelto en una jaula de hierro que estrechaba a la urna, sobre la cual se extendieron tres lastras de travertino,





Una vez cubierto el agujero con el altar mayor, se creó un hueco de casi 1,70 metros al que se accedía por medio de un estrecho pasillo subterráneo – al parecer de doce escalones – escondido por una trampilla mimetizada y secreta, pasando a través del
pasillo de acceso
al coro que antecede los penetrales, hecho totalmente inaccesible por un Papa franciscano, Sixto IV (Francisco della Rovere), después de su visita a la Basílica en 1476.


La decisión de camuflar la entrada estuvo motivada, según los cronistas de la época, por el riesgo concreto de profanaciones indebidas y para conservar intactos los restos mortales, pero sobre todo para preservar de un posible culto fetichista el cuerpo de San Francisco, que fue trasladado el 25 de mayo de 1230, en una extraña ceremonia, en la que Elías,  gracias a los poderes que le confería el cargo de Vicario general, de acuerdo con las autoridades municipales, una vez que el imponente cortejo llegó a los umbrales de la nueva Basílica y tras introducir la santa reliquia, hizo cerrar por los soldados del Municipio el portal a sus espaldas, rechazando a la inmensa muchedumbre  y sobre todo, además de a los más altos prelados, a los señeros y los nobles llegados desde todos los rincones de Europa.

Fray Elías, una vez que se cerró la puerta desde el interior, hizo que unos cuantos fieles transportaran el cuerpo del Santo a la "cripta" que para tal finalidad se había construido bajo el  Santuario, de la que nadie conocía la existencia, excepto los maestros que habían dirigido las obras y las maestranzas utilizadas, maestranzas que seguidamente fueron disueltas y enviadas a sus países de origen. 

Elías – así lo narran las crónicas de la época –  una vez alejados los presentes y dejado a solas muy probablemente a la luz de la "extraña posición y valencia simbólica de los objetos" hallados alrededor del cuerpo, procedió, con un largo y meticuloso trabajo, con la ocultación en la roca de los restos mortales de Francisco, que fueron restituidos a la veneración y expuestos al público sólo seiscientos años después, en 1818.


Sin duda, el sarcófago fue colocado bajo el altar mayor, en un lugar no accesible al público, pero quizás visible a través de una "ventanilla de la confesión", como sostienen algunos cronistas.



Otros, en cambio, hablan de un estrecho "pasillo subterráneo de acceso hábilmente camuflado, que hasta 1476 llevaba hasta la cámara sepulcral, de  1,70  metros de altura, bajo la cual se había hecho inaccesible el ataúd con los restos mortales del Santo Francisco, habiendo sido superpuestas a la urna, envuelta en la jaula de hierro, tres lastras de travertino, las últimas dos unidas por hormigón y encajadas con trancas de hierro en los muros perimetrales.

Era posible tumbarse o ponerse de rodillas sobre el suelo sin ver ni tocar los restos mortales de Francisco. En dicha fecha este pasillo subterráneo se cerraría definitivamente, para evitar (ésta es la versión oficial) que los restos mortales del Santo fueran sustraídos por invasores o por enemigos de la ciudad, que, como era costumbre en aquel periodo histórico durante las luchas entre municipios rivales, sustraían a la ciudad sucumbiente, como valioso botín, las reliquias del Santo patrón.

Con el paso de los años se perdió conocimiento del lugar exacto (??) de la tumba. Sólo en 1806 se decidió abrir el sepulcro, pero a causa de la ocupación napoleónica, se aplazó todo hasta 1818, momento en el que se descubrió "un sarcófago" protegido por unas barras de hierro.

Después del descubrimiento, en 1822, bajo la dirección del arquitecto Belli, se cavó en la roca, realizando alrededor de la tumba una verdadera cripta de estilo neoclásico, seguidamente abatida porque entraba en contraste con el estilo románico de la iglesia.

La disposición actual del espacio, obra del arquitecto Ugo Tarchi, fue realizada entre 1926 y 1932.

Sobre este acontecimiento las versiones de los historiadores más expertos se contraponen y hemos decidido dedicar un capítulo específico  a los "misterios" que esconde la extraña e insólita "sepultura del cuerpo" de San Francisco y al increíble "silencio" sobre el lugar en el que reposaban sus restos mortales, mantenido en secreto durante todo este larguísimo tiempo.

De esta manera intentaremos comprender cuáles fueron "los motivos reales", que indujeron a Fray Elías a cumplir un gesto tal, cuando, con el pleno consentimiento de los 24 generales que gobernaban la ciudad de Asís y del mismo Papa  Gregorio IX, siendo también éste último amigo personal, gran estimador de Francisco y defensor de la Orden de los frailes menores, inesperadamente hizo que este último se quedara sin cruzar la puerta.

En efecto, el Pontífice, Gregorio IX, después de una inicial y comprensible contrariedad por este acto aparentemente  injustificable que le había obligado a pedir, en vista del inmenso escándalo que estalló, el castigo de las Autoridades municipales a  interdecir "a divinis" la Basílica, cuando oyó las explicaciones de Fray Elías, de repente se aplacó, cosa que también hicieron el resto de la Curia y todos los irritadísimos representantes de las más importantes Cortes europeas – el Gotha de la sociedad europea – presentes en la ceremonia, los cuales no tuvieron nada más que objetar.

Pero la cosa que deja verdaderamente desconcertados es el comportamiento posterior, una vez que se calmaron los ánimos.

Efectivamente, no se logra comprender por qué jamás nadie en seiscientos años se ha preguntado la  razón, no ya del gesto de Fray Elías, gesto que se ha hecho desaparecer literalmente de la historia, sino de este extraño e inesperado cambio de Gregorio IX y de sus sucesores, que avalaron y respetaron siempre esta decisión hasta 1818.

Gregorio IX y poquísimos más debíanconocer, pues,  el escondite donde secretamente se había colocado el cuerpo y cómo era posible llegar hasta él.  Lo que seguramente no llegó a saber el Papa es cómo se había producido la ceremonia de traslado al interior de la cripta.
En ese angosto espacio escogido para la sepultura, una vez introducidos los restos a través del estrecho pasaje subterráneo o, como es más probable, bajados desde arriba ya enjaulados, Fray Elías, que permaneció junto a unos pocos frailes escogidos como "guardianes del umbral", tuvo que seguir un preciso ceremonial masónico ante litteram; demasiados son, en efecto,  los indicios y los mensajes simbólicos que confirman su pertenencia a la Corporación de los Albañiles.
Fray Elías colocó alrededor de las  sagradas reliquias una serie de > objetos simbólicos< en número de "doces", siguiendo un preciso y antiquísimo ritual, aprendido probablemente durante su estancia en Egipto y en Siria. Pensamos que asumió a todos los efectos el papel del Gran Sacerdote del antiguo Egipto, único a quien correspondía la tarea de poner alrededor de la momia del Faraón los objetos escogidos para prepararlo para el viaje hacia la ultratumba.

Estos objetos fueron hallados y recuperados "sólo" en 1818 en el momento de apertura de la tumba, autorizada en vía no oficial por el Papa, pero no fue "comprendido" su profundo significado simbólico. Los objetos hallados han sido considerados como ofertas de fieles introducidas tras la sepultura, haciéndolos pasar a través de los pequeños orificios de la reja superior que cubría la urna de travertino abierta.

El único que puede haberlos puesto es Fray Elías, alquimista,  véase el capítulo

> CODEX FRAY ELÍAS <


el cual no los dejó allí como recuerdos de objetos pertenecidos al Santo, sino que creemos que quiso darle a cada uno de ellos un preciso significado esotérico

> ¿la piedra angular?
> ¿las doce monedas de plata?
> ¿el anillo con Minerva?
> ¿la corona de
12 granos de ámbar y 17 de ébano?

> ¿el fragmento de hierro?


Algunos de ellos estuvieron conservados hasta 1978 en Roma en la Basílica de los Santos XII Apóstoles, pero, como siempre, nadie se planteó ni su naturaleza ni mucho menos la posición en la que habían sido colocados diligentemente  por Fray Elías alrededor e incluso debajo del cuerpo, como "la piedra angular", sobre la cual se considera que se apoyaba la cabeza del Santo, piedra que, junto con las 11 (+ 1 ?) monedas de plata y una estatuilla de plata, está conservada en una urna en la "Capilla de las Reliquias" realizada en la Basílica Inferior, utilizada en su origen como "sala capitular" del Convento.


Entre los objetos hallados se encontraban también 11 monedas de plata + 1
> Tres se localizaron inmediatamente en diciembre de 1818, porque estaban colocadas de forma evidente sobre el costado izquierdo
> Ocho fueron recuperadas en el momento de la extracción de los huesos bajo el polvo que las recubría.
> la duodécima se localizó sólo un año después del descubrimiento y de la apertura del sarcófago.

Reexaminando, en efecto,  los añicos de los huesos de San Francisco el 15 de noviembre de 1820 los peritos hallaron también esta última moneda (Véase Isidoro Gatti: " La tomba di San Francesco nei secoli" pág. 267, nota 140. De este libro, editado por la Casa editorial franciscana se han extraído las imágenes de las 11 monedas y de la tumba).

La 12a moneda no resulta, como las otras once, expuesta en la urna de la "Capilla de las Reliquias".

No se sabe dónde fue a parar y sobre todo tampoco se sabe si era de plata como las otras 11 o de > otro metal < con símbolos templarios que habrían podido inducir a su inmediata ocultación, sin dejar > indicios < considerados comprometedores para la imagen hagiográfica que se nos ha transmitido del Santo, imagen que no se deseaba confutar ni distorsionar.



12 monedas, el mismo número de los 12 granos de ámbar hallados junto a los 17 granos de ébano, que formaban una corona, pero consultando las relaciones no se logra saber cuál era la disposición de estos  29 granos y qué significado simbólico quiso darles Fray Elías.


Lo mismo puede decirse del fragmento de hierro de 1 onza y media (2,79 cm) de longitud y de 1 onza (1,86 cm) de ancho, fragmento del tamaño de una moneda, que muy probablemente le había sido colocado también sobre el pecho > en el centro de las 12 monedas < halladas entre los huesos del pecho, lo que significa que Francisco había mantenido, a pesar de haber sido reconocido como el jefe espiritual de la comunidad franciscana, redivivo Rey Arturo de la mesa redonda, toda la humildad y la sencillez > pedazo de hierro sin valor < rodeado por 12 Frailes, valiosos como > 12 monedas de plata <.

La elección y la disposición de las monedas y del pedazo de hierro sigue siendo >un enigma< así como también lo es > el misterio< que envuelve no sólo a > la decisión < de Fray Elías de colocar entre los pies de Francisco una corona y un anillo con la efigie de Minerva.

Por lo que respecta a > la corona < es sorprendente que no se haya buscado nunca la efectiva disposición de los 29 granos y cuál era su finalidad y su efectiva utilización.

Podría ser un pequeño rosario o un subha islámico, que normalmente tiene 33 granos y no 29.
En el capítulo > CODEX FRAY ELÍAS < hemos intentado proporcionar una posible interpretación del significado simbólico del anillo de Francisco, del que no sabemos si lo llevaba puesto en vida o si le fue colocado a sus pies por Fray Elías en el momento de la sepultura, junto con las monedas  de plata, con la corona y la piedra angular, para dejar a los venideros > un mensaje cifrado <

Hasta el día de hoy, los venideros todavía no se han preguntado por el significado de ese mensaje a pesar de que han pasado doscientos años desde el descubrimiento.

El anillo – dicen - "se perdió", como los granos de la corona y todos los apuntes de Fray Elías, en los que muy probablemente se encontraba la explicación de este ritual y el significado simbólico y místico de cada uno de estos objetos relacionados con algún culto mistérico.

Es un secreto que, como se suele decir, se llevó a la tumba.

Una vez terminada la ceremonia, que debió requerir bastante tiempo, mientras que en el exterior la multitud enfurecida despotricaba contra Fray Elías y contra los soldados colocados para defender el portal, él procedió ocultando la entrada del pasaje subterráneo, camuflándola tan bien que se requirieron años para localizarla.

Sólo en 1818 el pasaje subterráneo volvió a abrirse y los restos fueron examinados. El examen dio como resultado el reconocimiento, en 1820, de la identidad del cuerpo del Santo.

La cosa que realmente nos deja perplejos, por no decir desconcertados, es la pasiva aquiescencia y el respeto de la decisión de Fray Elías, avalada por todos los Papas, y el hecho de que dicha decisión se haya prolongado 600 años, sin que ningún Papa se hiciera promotor de excavaciones para recuperar los restos mortales de  San Francisco, sobre todo después de que Fray Elías fuera obligado a dimitir como Vicario general de la Orden de los Frailes Menores en 1239 y dejara definitivamente Asís.



El Guía espiritual de la Orden de los Frailes Menores, en efecto, no sólo fue obligado a dejar el cargo de Vicario General, decretado en 1239 en el Capítulo general que se celebró en Roma durante la fiesta de Pentecostés de ese año, sino que todos sus escritos y apuntes fueron > meticulosamente recogidos y destruidos < con una puntillosidad digna del peor Giordano Bruno, con el objetivo de no dejar de él ni el más mínimo rastro.

A la excomunicación y al alejamiento coactivo de Asís, siguió en efecto la destrucción sistemática de sus archivos secretos. Se llegaron incluso a arrancar de los antiguos registros del Sagrado Convento de Asís los folios que se referían a su persona y además se “perdió" el registro en el que Fray Illuminato apuntaba las cartas que Fray Elías recibía y enviaba: prácticamente fue todo destruido a propósito y de forma sectaria.


Pero la cosa extraña es que  Fray Elíaslos maestros comacinos parecen  haber seguido el ejemplo de los sacerdotes egipcios, al haber preparado un local, en el que colocaron "un sarcófago", que acogería, come sucedía precisamente para los faraones, el cuerpo del Santo, camuflando el acceso hasta él.

A la tumba se podía acceder a través de un pasaje subterráneo secreto que llevaba hasta la cámara en la que los restos permanecieron escondidos y preservados durante 600 años, como sucedió con la Tumba del Faraón Sethi I, que fue perfectamente camuflada quedando escondida en una segunda cámara  mortuoria, engañando así a los profanadores, los cuales, una vez descubierto el pasaje subterráneo de acceso, se detenían en la primera sin pensar que podía existir otra cámara > la verdadera.



Ni Fray Elías ni los maestros comacinos revelaron jamás > el secreto < , y mucho menos lo hicieron aquéllos que buscaron y destruyeron sus apuntes, precisamente porque habían sabido de su existencia, y quizás para que, dada la excomunicación y el alejamiento de Elías, no se revelara nunca la voluntad de Gregorio IX, quien a posteriori compartió y comprendió los motivos que le habían impulsado a cumplir este aparentemente insano gesto.

No se explicaría de otra manera "el silencio absoluto" sobre toda la vicisitud y la reserva seguramente "aconsejada" también a sus sucesores, los cuales eran informados puntualmente en el momento de la elevación al solio pontificio, respetándolo e imponiéndolo a su vez. 

A esta teoría le da precisamente una confirmación indirecta la decisión de 1442 de cerrar definitivamente el acceso al pasaje subterráneo, lo que impidió que por otros 400 años se pudiera acceder a la tumba ni siquiera de forma casual.

En efecto, sería realmente demasiado simplista pensar que Fray Elías y los hábiles maestros constructores de la Basílica camuflaron perfectamente la boca del antro y escondieron el cuerpo tan bien que su descubrimiento se hizo imposible.
Tampoco se puede sostener que Fray Elías, a pesar de haber demostrado en numerosas ocasiones que poseía capacidades taumatúrgicas y adivinatorias hasta el punto de predecirle al mismo Francisco la proximidad de su muerte, prevista en dos años, tuviera unos particulares poderes ocultos tales que le permitieron crear alrededor del escondrijo en el que yacían los restos del Santo una cortina  invisible e insuperable alrededor del sitio en el que había sido encerrado, haciendo vanas e inútiles las continuas y desesperadas tentativas de los "no entendidos" de descubrir dónde había sido escondido.

Sólo el Vaticano, como siempre ha sido su praxis constante, debe haber bloqueado a conciencia toda información y hecho de manera tal que el argumento de la sepultura de San Francisco no volviese a tocarse, ni antes ni después del descubrimiento de sus restos mortales.
Aún hoy es dificilísimo obtener informaciones precisas al respecto, con lo que este increíble e importantísimo acontecimiento se ha visto minimizado y subestimado, tal y como ha sucedido puntualmente con "el secreto de los tres >888<" y con "Celestino V", a quien se le ha hecho pasar durante siglos por un inepto y un incapaz.

Muchas de las explicaciones que nos han sido transmitidas en el tiempo carecen de toda lógica aparente y los acontecimientos se presentan intencionalmente distorsionados y   manipulados. Pero quizás hacen comprender a posteriori el empeño con el cual estos increíbles acontecimientos se han minimizado y silenciado y la figura de Fray Elías se ha camuflado y menospreciado, haciendo que desapareciera cualquier escrito suyo y que se destruyeran intencional y minuciosamente incluso simples apuntes o anotaciones.



Cortona: Basílica. Interior con nave ortogonal - Reliquias expuestas dentro del museo

Pero lo que no se ha conseguido hacer desaparecer son "tres reliquias" que Fray Elías se llevó consigo de Asís para refugiarse en tierra toscana: una almohada de elegantísima y rica tejedura, un evangeliario y un Sayal, reliquias que conservó personalmente durante años y que ofreció, antes de morir en 1253, a los hermanos de Cortona, donde él había hecho construir otra Basílica dedicada a San Francisco. Indicios que confirman no sólo los estrechísimos vínculos espirituales que unían a los dos frailes, sino que abren una ventana a la verdad de los hechos y a las motivaciones que habían llevado a Fray Elías a preservar el máximo tiempo posible "la reliquia" más importante.

En 2003, en ocasión de los setecientos cincuenta años de la muerte de Fray Elías, desde Cortona llego una confirmación indirecta pero concreta.
La Provincia toscana de los frailes menores conventuales dispuso la restauración y la reapertura de la iglesia y del convento de San Francisco en Cortona para organizar después una serie de iniciativas culturales y espirituales, que incluyeron el estudio científico de las reliquias de la Iglesia cortonesa, o sea de los tres objetos que según la tradición Fray Elías tuvo consigo hasta el momento de su muerte. La finalidad más importante de estos estudios ha sido confirmar el vínculo íntimo y profundo del Fraile aretino con San Francisco y rehabilitar la figura del padre Elías, como afirmó el padre conventual, Fray Antonio:
"Haber establecido que el sayal de Cortona tiene las medidas, la longitud y la amplitud de los hombros de Fray Elías significa confirmar la cercanía de Fray Elías al Santo de Asís y dar una base real a la narración sobre la muerte de San Francisco de Tomás Celano".

Las modernas técnicas científicas, en efecto, han contribuido a confirmar la fidelidad del santo a la pobreza evangélica, confirmando a su vez, tras la luz arrojada por las conclusiones del estudio,  algunas circunstancias que confirman la naturaleza de las relaciones entre estos dos hombres, uno elevado a las más altas esferas celestiales y el otro arrojado a los infiernos.
Vale la pena retomar las conclusiones de este estudio:
a) la verdadera almohada que la fiel amiga de Francisco, la hermana Jacoba de Settesoli, colocó bajo la cabeza del fraile moribundo, no era la de finos brocados y espléndidos bordados que se puede admirar en la Iglesia de Cortona, sino su interior, que data precisamente de la época de la muerte de Francisco, de tejido basto, en honor de hermana pobreza;
b) el Evangeliario de Cortona se ha considerado que data de la época de Francisco, como el conservado en Asís;
c) el Sayal, del mismo corte, color y tejido que el que vestían los campesinos de Italia central en aquella época, hábito humilde y despreciado que San Francisco quiso que se confeccionara con forma de cruz sencilla, es, una vez más, testimonio de la "regla", junto al simple cinturón que los campesinos usaban para llevar la espada, que en la versión franciscana une también "tres nudos";
d) el estudio sobre la autenticidad del Sayal demuestra la veracidad de la narración que Tomás Celano hace de la muerte de San Francisco, en la que precisa que Francisco quería morir desnudo sobre la tierra desnuda, pero Fray Elías lo convenció para que vistiera "su túnica", que podría ser precisamente la conservada en Cortona. De esta forma, diciéndole que se trataba sólo de un préstamo, asegurándole que no le pertenecía, Fray Elías tranquilizó al Santo convenciéndole de que no iría contra su voto de pobreza.

La vida de San Francisco se ha narrado siempre de manera hagiográfica y antihistórica, mostrando sobre todo el lado más espiritual y místico de su búsqueda interior, búsqueda que concluyó en la Verna, con los estigmas, siendo el primer Santo en la historia que vivía esta experiencia, estigmas recibidos, según narra la leyenda, en la roca en la que fue tentado por el Diablo.

El paréntesis humano de Francisco es, en efecto, mucho más articulado y complejo, y se ha propuesto de forma diversa en las distintas fuentes que se suceden después de 1228, año de canonización por parte de Gregorio IX, y también por la redacción de la primera biografía oficial del Santo, directamente encargada por el Papa a fray Tomás Celano, quien fue, a su vez, Fraile franciscano: de hecho tomó el hábito en Porziuncola en 1215, el año del famoso Capítulo de las esteras, y vivió, al menos durante un cierto periodo, en intimidad con San Francisco, lo que hace de él un testigo muy fiable a no ser que declarara falsedades intencionalmente.

Importantísima fuente franciscana, fray Toás escribió (siempre en latín) la Vida Segunda en 1246-1247, después una tercera biografía, y por último el Tratado de los milagros que la tradición atribuye a San Francisco, aunque en verdad nos deja bastante perplejos la reelaboración hecha por Celano "tres veces" de la vida de San Francisco y la decisión tomada con el Capítulo de París de 1266, con la cual se impuso la total destrucción de las biografías escritas anteriormente a la de Buenaventura.

La Orden, en un periodo en el que proliferaban muchas sectas, se había llegado a dividir tanto sobre cómo interpretar la regla de San Francisco que a algunos frailes les parecía difícil mantener aún unido el movimiento tal y como había sido concebido por Francisco y Elías.

Buenaventura, de acuerdo con algunos frailes, tomó la tremenda decisión de destruir todas las biografías y todas las imágenes que representaban al Santo, reescribiendo en 1266 un nueva versión hagiográfica y de pura fantasía, que retrata a un Francisco completamente distinto del que realmente vivió.
A cuarenta años de su muerte, la Orden de los frailes menores se había hecho importantísima, contando con miles de adeptos y, según la corriente que guiaba Buenaventura, habría sido demasiado embarazoso seguir hablando de un fundador que no se presentaba con la cara del santo, sino con la de un laico votado a la pobreza, que había luchado por la justicia social y por la paz entre la comunidad cristiana y la musulmana y que llegó incluso a transcurrir un año en la corte de un acérrimo enemigo.
Estas relaciones de amistad y de Hermandad reciproca debían olvidarse y debían pasar totalmente "bajo silencio", por supuesto no el interior, que tanto unía a  Francisco con su tan amado "hermano Silencio".

De esta forma se borró todo y a los frailes que habían conocido personalmente a Francisco y que paseaban en parejas por las ciudades se les pidió que cambiaran la historia narrada en la 1a versión de Tomás Celano y que propusieran la versión grata y más cónsona para un niño del nuevo Mesías, nacido "Santo" de "madre Santa" y de padre, como José, buenísimo y misericordioso, pero desafortunadamente sin ninguna aureola.

Se tuvo con él exactamente el mismo comportamiento que se tuvo con Fray Elías, llegando a eliminar las imágenes del Santo, aunque no consiguieron destruirlas todas, porque algunas eran milagrosas y habían sido custodiadas por aquellos que las poseían y a quienes se les había encargado su conservación, como esta imagen,  la más antigua, pintada por un anónimo pintor de Sibiaco alrededor de 1222.



Esta decisión fue una verdadera desgracia, porque tergiversó completamente  la naturaleza humana de Francisco, espíritu laico y libre.
Tuvo lugar, exactamente como ha tenido lugar otras veces en la historia de la iglesia,  una destrucción minuciosa de miles y miles de manuscritos.

Durante muchísimos siglos San Francisco fue sólo el de Buenaventura tal y como lo representa Giotto en los frescos de Asís. 

Sólo el hallazgo a principios de siglo, en un único manuscrito, de las  tres  biografías de Tomás Celano desaparecidas durante siglos, ha hecho posible "volver a ver" al verdadero Francisco y hacer las debidas confrontaciones entre "verdad" y  "leyenda".

Para comprender los motivos de una decisión tan drástica quizás convenga reexaminar la figura de Buenaventura y las posiciones asumidas en ese periodo histórico en el que se vive el enfrentamiento entre Espiritualistas y Conventuales.

Buenaventura nació en 1217 y, según una versión muy hagiográfica que se limita extrañamente a citar la obra suma elaborada por él sólo para referir un improbable milagro, en 1226, año de la muerte de Francisco, el mismo Buenaventura habría sido milagrosamente curado por el Santo, como él mismo referirá en la "Leyenda menor" (VII: FF 1392). «Yo mismo, que he descrito los hechos anteriores, tuve la experiencia directa personalmente. Era aún un mozo y estaba gravemente enfermo; mi madre hizo un simple voto por mí a nuestro santo Padre Francisco y fui arrancado de las fauces de la muerte, sano y salvo, y devuelto a la vida».

Buenaventura – siempre según la misma fuente – después de llevar a cabo los estudios en la ciudad nativa, pasó a la universidad de París (ca. 1236-1238) para el estudio de la filosofía, licenciándose en Artes en 1242-1243. A los 25 años abrazó la Orden Franciscana, cambiando su nombre de bautismo, Juan, con el de Buenaventura.

El mes de febrero de 1257 fue elegido, con sólo 40 años, ministro general de la Orden, cargo que conservará hasta el año 1274, año de su muerte, dando "muestra admirable de sabiduría, prudencia, extraordinario equilibrio, tan propicio en un momento difícil de  organización de la Orden que se hace merecedor, por su obra moderadora y constructiva en plena fidelidad al espíritu de San Francisco, del título de segundo fundador de la Orden franciscana." (??????).
"Predicó  por todas partes al pueblo y de manera especial a los sacerdotes, a las monjas, en la universidad de París, ante la corte de Francia, a los distintos papas en conclave" (Orvieto, Perugia, Viterbo, Roma) y, finalmente, en el Concilio de Lyon (1274).
El 28 de mayo de 1273 Buenaventura fue elegido cardenal y obispo de Albano, habiendo declinado ya en 1265 el arzobispado de York. Desde noviembre de 1273 se dedicó a la presidencia de los trabajos preparatorios y, más tarde, de la celebración del Concilio Ecuménico Lionés II (7 de mayo - 17 de julio de 1274), y probablemente conoció a Pietro di Murrone, el futuro Celestino V.
Durante el Concilio trabajó en pos de la unión de los Griegos, unión que efectivamente se logró alcanzar. Y precisamente durante el Concilio de Lyon, donde intervino nada menos que tres veces, el 7 de julio de 1274 dimitió repentinamente de su cargo de Vicario general de la orden de los Frailes Menores, papel que había mantenido ininterrumpidamente durante nada menos que 17 años y, una semana después, el 15 de julio de 1274, murió. Según la hagiografía oficial, murió extenuado por las fatigas afrontadas, pero quizás el motivo fueron los enfrentamientos mantenidos con Pietro di Murrone. El futuro Celestino V, un  espiritualista convencido que le habrá expresado todas sus reservas y sus críticas sobre el modo de gestionar la Orden y, de ello estamos convencidos, sobre la Historia de la Vida de San Francisco, que Buenaventura se había inventado de cabo a rabo a partir del famoso  milagro, que realmente resultaba poco creíble.

Sinceramente no podemos saber si los acontecimientos se produjeron tal y como nosotros los planteamos, ya que no disponemos de ninguna prueba objetiva, pero nos agrada pensar que Buenaventura tuvo un desfallecimiento ante la más que comprensible y violenta reacción de Pietro di Murrone, el cual seguramente nutría un cierto resentimiento hacia este personaje de alto espesor cultural. Hay que recordar que la Iglesia en 1482,  con Papa Sixto IV,  lo canonizó  y, con Sixto V, el 14 de marzo de 1588, lo incluyó «inter praecipuos et primarios» entre los Doctores de la Iglesia (latina), sexto junto a San Tomás de Aquino.

¡Nosotros, en cambio, lo hemos descalificado y hemos decidido retirarle la aureola de Santo!

De hecho, hemos evitado en todo momento reconocer formalmente su "santidad", evitando con cuidado calificarlo como santo, porque realmente "dopó al personaje de Francisco" falsificando su vida y, por consiguiente, toda la historia tal y como nos ha sido narrada.

Francisco el hombre no habría necesitado esta intervención no solicitada, porque precisamente él demostró que todo "hombre" y toda "mujer" puede alcanzar por sí mismo "la  perfección" sin intermediarios ni interferencias, pero antes tienen que experimentar la vida y sus pruebas con el fin de desnudarse de sus impurezas terrenas..................

!!! Nadie nace "Santo" !!!

Bajo Buenaventura da Bagnoregio, fue escrita intencionalmente una nueva biografía de Francisco, "la Legenda maior S. Francisci," en la que por razones políticas internas se manipula el mensaje original del Santo y de los franciscanos más  rigoristas (“fratres qui cum eo fuimus”, como amaban definirse), hasta el punto de que en las "Constituciones Narbonesas " Buenaventura condenó de manera oficial, dado el poder de su cargo, las posiciones de la corriente de los Espirituales, para encauzar definitivamente el movimiento y convertirlo en una Orden propiamente dicha, como la de los frailes predicadores, fundada por Domenico.

La escisión de los Espirituales, los frailes menores que más fieles se mantuvieron al planteamiento de la communitas franciscana original, tuvo lugar en 1274, el mismo año en el que Pietro di murrone se desplazó hasta Lyon para convencer al Papa Gregorio X para que garantizara la supervivencia de su comunidad, vista la intención del Papa de intervenir drásticamente para detener la continua proliferación de sectas y comunidades  espurias, que daban una interpretación distinta al Evangelio, y el mismo año en el que Buenaventura dimitió de su cargo de Vicario General de la Orden de los Frailes Menores.

Veinte años más tarde, los sostenedores más fervientes y radicales de la pobreza evangélica, fieles al ideal de Francisco, fueron nombrados "Fraticelli", entrando en fuerte contraste con los Menores franciscanos pertenecientes a la corriente de los Conventuales, que se habían congregado alrededor de dos personajes muy apreciados por Pietro di murrone, el cual, recién elegido Papa,  autorizó precisamente la separación definitiva de "i Fraticelli" de la Orden para fundar una congregación. Dicha congregación tuvo como principales exponentes a Pietro da Macerata, el cual se hizo llamar Fray Liberato, y Pietro da Fossombrone, Angelo del Chiarino o Cla­reno, mientras que su congregación recibió el nombre de "Pobres ermitaños de Celesti­no", seguidamente "Hermanos de la vida pobre" (fue el mismo Clareno, guía de la congregación, quien la llamó así).

También esta circunstancia resulta extraña, puesto que Clareno, estimado predicador con la aureola del Santo, para escapar de las presiones a las que se veía sometido por parte de los "conventuales", terminó trasladándose hasta Yugoslavia, donde intentaba alcanzarle Celestino, después de su abdicación y su fuga de Bonifacio VIII. El intento falló, porque, tras zarpar con una pequeña barca desde Vieste, en la región de Puglia, y encontrándose ya mar adentro, fue obligado a regresar al puerto y fue capturado gracias a la delación de uno de los emisarios de Bonifacio VIII, que hizo que lo arrestaran y lo trasladaran desde Anagni, donde había sido llevado en un primer momento, hasta la prisión de Fumone, donde después de diez meses, en una angosta prisión, murió, muy probablemente asesinado con un punzón clavado en el cráneo, orificio cuadrangular idéntico al mostrado por la calavera atribuida por la leyenda a  San Juan Bautista.

Volviendo a Francisco y al enfrentamiento entre las dos corrientes de los Espiritualistas y los Conventuales sobre la interpretación del mensaje de Francisco, las primeras divisiones se manifestaron ya durante su vida, pero se hicieron intensas después de su muerte, en el posterior desarrollo de la Orden franciscana. Estas divisiones dieron lugar a dos corrientes de pensamiento: la conocida con el nombre de Espirituales, fieles al espíritu de la Regla y al Testamento espiritual de Francisco, practicantes del ideal de absoluta pobreza e inspirados en las visiones escatológicas de Joaquín de Fiore, y la conocida con el nombre de Conventuales, mucho más propensos que los primeros a uniformarse con las demás órdenes religiosas y a clericalizarse, desviándose, sustancialmente de los ideales del fundador y de Fray Elías (general de la orden en el periodo 1221-1227 y 1232-1239), primer y último general perteneciente a la facción de los Espirituales, quien había colocado las bases, siguiendo las indicaciones precisas de Francisco, para una mejor organización bajo el perfil institucional del movimiento religioso al que el futuro Beato había dado vida. Un movimiento que estaba en continua expansión por el intenso proselitismo del mismo Francisco y de sus más fieles compañeros.

En 1217 la Orden efectivamente se organizó, por mérito de Fray Elías, en Provincias, Custodias, Coventos y Eremitorios.  Y fue precisamente ese mismo año en el que Francisco confió a Fray Elías la misión de Siria y Tierra Santa, donde se reunió con él y transcurrió en Tierra Santa un largo periodo, - al menos entre el 9 de mayo de 1218 y el 29 de agosto de 1219, más de un año - (Manselli, San Francisco, Bulzoni, 1980, p. 223 y suc.). En realidad parece que Franciso y Elías regresaron a Italia, desembarcando en Venecia, sólo en el mes de enero de 1220.

Los motivos que indujeron a Francisco a enviar a Fray Elías con el Sultán de Egipto hemos intentado aclararlos en el capítulo "de Fray Elías <> Celestino V", al cual nos remitimos. Pero "los verdaderos motivos", en realidad, nadie los puede conocer seriamente, porque han sido hechos oscuros e incomprensibles, en ausencia de documentos y atestados, frente a  una versión fehaciente suministrada por las fuentes oficiales.

Como única fuente oficial de la vida de Francisco quedó prácticamente sólo "la Leggenda Maggiore" del  Buenaventura, completada, por lo que se refiere a las relaciones mantenidas con Francisco, por las fuentes más hostiles a Elías, entre las cuales se puede citar la obra de E. Lempp, (Frère Elie de Cortone, Paris, 1901), en la que se acusaba al Fraile de haber mantenido impío comercio con astrología y alquimia, durante la permanencia en la corte del excomulgado Federico II, donde Fray Elías se había trasladado establemente por deseo del mismo emperador suevo, cuando en la Pascua de 1244 llegó la noticia de la derrota del ejército cristiano en Oriente y de la captura de San Luis, Rey de Francia.

Arcangelo Papi
, en un interesante ensayo encontrado en internet  (San Francisco, los estigmas y el Sudario: una posible antihistoria del cristianismo), en cambio se reanuda a la Primera Biografía oficial de Celano, hallada en 1770, que muestra a Francisco y a Fray Elías desde otra perspectiva y, no por casualidad, concluye su ensayo con estas  consideraciones:

A veces, los elementos de la historia se incrustan entre ellos de forma distinta a la inicialmente planteada por la historiografía oficial e improvisamente se recompone un cuadro completamente distinto y extraordinario.”

Creemos que debe volver a proponerse su análisis al contrario, porque de su narración surgen varios >indicios< importantes:

1) Celano habla de un caballero de Asís que entonces estaba organizando los preparativos militares para la expedición en Puglia de Gualtiero III de Brienne,  perteneciente al linaje feudal de la Champagne, que se había casado con una de las hijas del rey Tancredi de Sicilia, y he aquí "un primer vínculo" con Federico II.

2)  Celano nos muestra a un joven Francisco antes de su conversión, tentado por la gloria caballeresca y militar  por obra del desconocido 'reclutador militar' en tierra de Umbria, Conde Gentile delle fonti, probablemente un templario francés relacionado con Gualtiero (1165-1205), quien, por otra parte, era pariente de Juan I de Brienne.

3)   Juan I de Brienne (1148-1237) rey de Jerusalén, poeta y devoto de Francisco, cuyo monumento fúnebre se encuentra precisamente en la Basílica inferior de Asís, apoyado, con sus mármoles blancos, en la sombra mágica de la gran pared de entrada, al fondo de la planta en forma de 'Tau'.

4)  Isabela, hija de Juan de Brienne, había celebrado los esponsales con el emperador Federico II.

5)   Es en la ciudad de Spoleto donde para Francisco se consuma un evento fundamental de su vida. Invadido por una reflexión, después del glorioso sueño (narrado por el Celano) de una palacio de armas con todos sus soldados, o más bien atravesado por la rápida decepción: nuevo David contra el fuerte armado (como se designa a Francisco, prosigue el biógrafo), el hijo del mercante de telas (en realidad su padre, 'Pietro de Bernardone', era un judío convertido, fiduciario del rico monasterio 'cisterciense' del Monte Subasio, de economía curtense, y gran productor de lanas preciadas que luego se exportaban a Francia haciendo parada en los distintos monasterios de apoyo en ocasión de las grandes ferias de la Champagne: ¡qué casualidad, la misma tierra 'catara' donde reapareció, en 1357, el Sudario), decide de repente que la expedición en Puglia no era la cosa adecuada para él.

6)    Él siente que  "la única milicia para la que está destinado es la "divina". Su Dios es un "Dios de paz" (como escribió Properzio en una elegía) y no un Dios "rey de los ejércitos".

7)    Así que no es casualidad que los 'tres nudos del sayo franciscano (que además es de color 'marrón' como el revestido por los conversos templarios antes de la asunción del hábito blanco de los caballeros), ese raído uniforme de la nueva Orden mística y pauperística fundada por San Francisco, esta vez inspirado por la boca misma del Crucifijo de San Damián, que le habla con los labios, o más bien a los oídos – como escriben, a este respecto, primero Tomás y después el mismo Buenaventura -, traicionan en cualquier caso el origen militar del movimiento franciscano, correspondiendo, exactamente, con los 'tres votos' de la 'regla templaria', concebida, así se dice, por San Bernardo en el nombre mismo de la pobreza, la humildad y la castidad.

8)   Es este el nuevo 'uniforme' de la Orden de Francisco, con sus frailes pobres caballeros de Cristo', los cuales marcharán siempre . Es por ello que "la firma" puesta por Francisco a la chartula con la bendición a Fray León, es también un 'sello', o 'estilema templario', habiendo retomado el motivo de la 'cruz', marcada precisamente con tinta de color rojo vivo, como la sangre de Jesucristo muerto en el patíbulo por los pecados del mundo.

Las > coincidencias y extrañezas legendarias < existentes son múltiples:

Estas consideraciones de Arcangelo Papi y las de su interesantísimo ensayo deberían hacernos reflexionar. A éstas se añaden otras, igual de convincentes, en este "estudio al contrario" especular del descubrimiento del

< secreto de los tres >

> 888 <

de la Basílica de Asís, cuestión que nos planteamos al principio de este capitulo.

Siempre buscando en Internet, hemos levantado también otras "trampillas", empujándonos hasta el final de escaleras de caracol muy similares a las de Castel del Monte, que nacen igualmente indescifrables > secretos < y hemos encontrado otros artículos que nos han proporcionado sucesivas ocasiones de reflexión, artículos que se han incluido puntualmente en los enlaces de referencia.

Sería algo realmente absurdo creer que la historia ha hecho desaparecer de una forma tan drástica e injustificable a Fray Elías, hombre muy culto, filósofo y alquimista, amigo íntimo de Francisco, junto al cual vivió las mas importantes experiencias, compartiendo sus principios e ideales. Hasta el punto de que ya no es posible hallar rastro alguno del mismo, si no es en los numerosísimos  > mensajes simbólicos < dejados intencionalmente en las sólidas piedras de la Basílica de Asís, que él proyectó,  sempiterno testamento de símbolos nacidos de las hábiles manos de las  Libere Muratorie medievales, como el compás, la escuadra, o un martillo que golpea la piedra bruta con el cincel.

Mensajes
que encierran un complejo sistema de ideas herméticas, difundido por cofradías arcanas, que han permanecido "veladas", pero, para fortuna de los venideros, no borradas y que se hallan precisamente en la > talega de viaje < de  San Francisco, come recoge un cronista.

La toma de hábitos de San Francisco


"Fray Francisco inició así su Gran Obra en compañía de Madre Pobreza, de Hermano Silencio y de Hermana Paz, vistiendo un camisa de tela tosca, que quiso confeccionarse él mismo inspirándose en la forma de la cruz, ajustada a la cintura por una cuerdecilla blanca de tres nudos y calzando unas pobres sandalias.
Como
único equipaje”, una talega en la que transportaba las herramientas del albañil: la escuadra, el compás, la paleta, la plomada, el dolobre, la regla y el cincel, para simbolizar respectivamente la rectitud de pensamiento, el amor fraterno que todo cimienta, la rectitud de juicio, el trabajo infatigable y el sometimiento de las propias imperfecciones espirituales al ajetreo del Espíritu, que transformándolo todo, hace que se alcance la imperfección".

> Símbolos <


decididamente > masónicos < , pero que son  desdeñosamente rechazados por la Iglesia oficial y subestimados por los mismos Masones, los cuales no se han dado cuenta en absoluto de que el Patrón de Italia y fray Elías, su mentor y maestro espiritual, eran en realidad dos "Masones ante litteram"

La Prueba está Ahí, pero no queremos verla. La confirmación nos llega no sólo a través de los múltiples y numerosos simbólicos objetos hallados en su tumba y los esparcidos en los muros de la Basílica de Asís, sino también por el comportamiento adoptado durante la IV cruzada y la repentina y en cierto modo incomprensible decisión de  Francisco de enviar a Elías como su representante a Palestina y de reunirse con él allí, permaneciendo más de un año en un lugar muy peligroso para los cristianos. La
decisión de mandar a Fray Elías en misión de reconocimiento a Tierra Santa, para reunirse con él más tarde y permanecer casi un año en la Corte del Califa al- Malik, no fue en absoluto una casualidad.



La decisión de tomar contactos directos con el Sultán de Egipto, totalmente incomprensible incluso por parte del Representante papal,  no era ciertamente un acto de puro idealismo, sino una verdadera y concreta misión de paz, la deliberada voluntad de cambiar no ya las suertes de la guerra, sino “las relaciones” entre estas dos comunidades desde siempre en lucha la una con la otra .
Un audaz proyecto, al mismo tiempo político y religioso, que, no por casualidad, hizo suyo pocos años después el mismo emperador Federico II.

Vale la pena releer la crónica de aquella increíble experiencia, hallada en el fondo de una de las "trampillas secretas":


"No sabemos cómo Francisco, que estaba acompañado por Pietro Cattani (¡un nombre de familia asociado al 'Rostro Santo' del Santo sepulcro!), llegó a Tierra Santa: con toda probabilidad se unió a los refuerzos de las ciudades italianas, mandados por Honorio III, y se reunió con Fray Elías, que había sido enviado a Oriente por el capítulo de 1217, y que durante su estancia había conseguido obtener que entrara en la orden Cesario de Spira, una personalidad preeminente, un hombre de cultura universitaria de alto nivel. Francisco debió llegar a Damietta cuando el asedio de la ciudad se encontraba en su fase inicial. De ello habla Giacomo da Vitry, en su carta VI, dando la impresión de la llegada de alguien desconcertante, casi incluso inoportuno (Manselli, San Francisco, Bulzoni, 1980, p. 223 y sig.). Giacomo da Vitry se sorprende ante las conversiones al franciscanismo de algunos de sus más estrechos colaboradores y escribe cuanto sigue: Su maestro, que fundó esa orden, habiendo venido a nuestro ejército encendido de fervor de fe, no tuvo miedo de pasar al ejército de los enemigos, y habiendo predicado la palabra de Dios a los sarracenos durante algunos días, no obtuvo grandes resultados. Pero el Sultán, rey de Egipto, le pidió en secreto  que le pidiera  en su nombre al Señor que, divinamente inspirado, abrazara la religión que mayormente gustara a Dios."


Un eco preciso de esta presencia del Santo en el campo contrario se encuentra en una biografía de un teólogo y jurista egipcio, Fakhr ad-din al-Farisi, entonces viejísimo, pero muy famoso en aquellos años como "director espiritual y consejero de al-Kamil". En esta obra él recuerda la discusión que, como sabio árabe, habría mantenido con un monje cristiano, precisamente en presencia del soberano (Manselli). En Le crociate viste dagli arabi (Turín, 2002, p. 298), Amin Maalouf niega, sin embargo, que fuentes árabes de su conocimiento recojan este episodio.

Pero El Sultán del Cairo tenía una mente abierta, atenta a los problemas del espíritu, y era un hábil político. Hizo algunas propuestas a los cristianos, dispuesto a ceder no sólo Jerusalén, sino también el territorio de Palestina a oeste del Jordán además de la Verdadera Cruz (Maalouf, op. cit., p. 247). Por su parte, también Juan de Brienne estaba dispuesto a un acuerdo. Se negó el desacertado y embarullador representante del papa, el cardenal Pelagio".

Abriendo "otra trampillaa", siempre en Internet, hemos encontrado referencias y confirmaciones en la  lección magistral de enero de  2002 de la Profesora Chiara Frugoni "Iglesia e Islam en la época de las Cruzadas. El encuentro de San Francisco de Asís con el sultán de Egipto" (véase el anexo), de la que recogemos algunas consideraciones:

"Hacia 1218 se produce la quinta Cruzada y Francisco tiene esta idea extraordinaria. Debemos pensar lo que suponía llegar desde Asís hasta Tierra Santa, un viaje infinito. Él emprende el viaje y llega hasta el campo de los cruzados y dice: ¡vosotros que sois cristianos, asesináis! Intenta insistentemente convencer a los cruzados, pero no lo consigue. Y entonces, con un gesto extraordinario se dirige al enemigo, al Sultán. Las primeras fuentes franciscanas dicen poquísimo a este respecto. Sabemos que Francisco estuvo un año entero con el Sultán y que incluso se detuvo más tiempo. Debemos imaginar que recorrió a lo largo y ancho toda la Tierra Santa. Regresa simplemente porque un fraile suyo, de manera extremadamente aventurada, consigue llegar hasta allí y le dice a Francisco: "te advierto que tu Orden se está dividiendo, regresa, porque si no será una catástrofe." [...]


"Pero regresando a Francisco y al Sultán, cuando Tomás Celano habla de ello, cuenta lo que les he dicho hasta ahora. Hay una tabla, la única conservada, en la Iglesia de la Santa Cruz en Florencia, donde se ve que Francisco le habla al Sultán y a los musulmanes, que le escuchan extasiados; una prédica atenta.
En cambio, Buenaventura cuenta aquello que todos nosotros vemos en Asís: Francisco, una vez ante el Sultán, le propone un desafío: haz que entren en una gran hoguera tus sacerdotes y yo también entraré. Si ellos se queman, querrá decir que su fe no es la justa, si me quemaré yo, querrá decir que su fe es la justa. El mismo Buenaventura dice que fue Francisco quien hizo esta propuesta. Pero cuando vayan a Asís  verán al Sultán y a sus sacerdotes en fuga y a Francisco a punto de entrar en esta gran llama... que nunca existió, porque nunca se produjo esta confrontación. Buenaventura se sitúa ya en la óptica típica de la lucha contra el herético: hay que vencer al enemigo y posiblemente mandarlo a la hoguera. Era la idea que llevaba adelante la Iglesia, sobre todo con el tribunal de la inquisición.

Francisco tiene otra cosa con respecto al problema de las Cruzadas: el Pesebre de Greccio que es la desautorización de las Cruzadas, otra de las respuestas típicas de San Francisco, que no ataca a la Iglesia, pero propone una cosa muy distinta y en un cierto sentido muy polémica.
Ya de regreso del encuentro con el Sultán, le pide a un devoto que le prepare en la montaña de Greccio un buey, un burrito y algo de heno.
El sacerdoteFrancisco era sólo diácono - celebra la Misa y luego Francisco predica de un modo tan inflamado sobre el niño de Belén, nacido en pobreza absoluta, Dios encarnado por amor, con una cautivación tal
¡que a un devoto le parece que Francisco se acerca al pesebre y levanta un niño muerto que vuelve a abrir los ojos !"


¿Qué es esta narración por parte de Tomás Celano?

Se pregunta en su intervención la Profesora Frugoni,  y concluye:

"Lo que Francisco quiere decir es que es inútil ir a  Tierra Santa para liberar los lugares santos, que Belén puede estar en cualquier lugar, incluso en Greccio, con tal de que Cristo esté en el corazón. Lo que Francisco hace es volver a abrir los ojos de este niño muerto, esto es, vuelve a abrir en el corazón de los fieles ese amor por los demás que estaba completamente muerto. Por lo tanto, la invención del pesebre me parece que precisamente es la respuesta de Francisco a las Cruzadas. Lo esencial no es vencer, ni mucho menos asesinar; todo lo contrario, lo esencial es hacer revivir el mensaje de Cristo. La cosa extraordinaria es la idea que Francisco tuvo, en primer lugar, de ir a hablar primero con los cruzados y seguidamente con los infieles y predicar de una manera totalmente distinta a la usada por la Iglesia, y en segundo lugar, regresar intentando hacer entender que lo que se estaba haciendo era  completamente inútil y que producía sólo odio."

Una única raíz compartida podía, en efecto, acercar a los dos campos contrarios: El Jesús de los Evangelios, y El mismo del Corán. El común mensaje de "paz y bien", que reúne a los pueblos de la tierra en una sola "Ecúmene". Todos juntos en una única civilización: ayer como hoy, problema no solucionado de la convivencia pacífica de los pueblos.

Francisco sabia muy bien lo que quería y lo que hacía. Su misión de paz supera toda capacidad de ordinaria compresión por parte de los sostenedores de la cruzada. Elías Francisco, que luego se reunió con él, ambos armados sólo con la Fe, llevaban al mundo musulmán "la palabra sagrada de un Dios universal", mensaje que fue comprendido y aceptado por el Califa.
El Sultán del Cairo – como no dice la crónica de referencia – había demostrado poseer sin duda una menta abierta, atenta a los problemas del espíritu, y era un hábil político, pero era sobre todo "un  Maestro Sufi", "un  masón de  oriente iniciado en el arte real", lo que permitió que se establecieran entre ellos una relaciones más intensas, ya que según muchos elementos tanto Francisco como Elías debían pertenecer o mantener fuertes vínculos con "la Hermandad masónica".

A este propósito hemos encontrado otra < trampilla secreta > en un libro de reciente publicación "Il santo dal Sultano", de John Tolan, ed. Laterza, que habla del encuentro entre el Sultán y Francisco y de "dos varitas" y de un "cuerno de marfil", regalados por el Califa a Francisco, > objetos < que se encuentran en el relicario de la "Capilla de las Reliquias" en la  Basílica Inferior.

El autor, en la página 333 del libro citado, recoge el pensamiento de Idries  Shah, que considera que Francisco fue iniciado al sufismo en Francia, y que habría entrado en la tienda como "novicio", saliendo de ella a los  10 días como > Maestro Sufi <.

Por lo tanto, no fue Francisco quien "convirtió" al Sultán, como ha intentado sostener la hagiografía oficial, sino que fue este último quien reconoció las cualidades iniciáticas de Francisco, a quien transmitir la enseñanza del Profeta y de los Grandes Maestros Sufi, como Rumi, cuyas poesías asemejan mucho a las del Santo.

El Califa l
e dio a Francisco algunos > símbolos < que han sido considerados como unos sencillos aunque algo extraños "regalos", pero que en realidad mostraban a los musulmanes de oriente que Francisco era "Uno de Ellos" > un Maestro Errante < , como los peregrinos Sufi, que tenían la costumbre de viajar por los pueblos, contándoles a los niños que corrían a su encuentro  unas historias relacionadas con un personaje mítico llamado "asrudin", que aparece como "el tonto del pueblo", al que todos toman el pelo, pero detrás del cual se esconde un sabio que, a través de metáforas y fábulas, enseñaba reglas y comportamientos recíprocos  a seguir para lograr una buena convivencia.



A menudo el Maestro Sufi vestía una túnica llena de parches de colores para esconder los agujeros y  Francisco tenía la costumbre de viajar con un "sayal lleno de parches", y llamaba a la reunión a sus frailes con el  sonido del cuerno de marfil, que le fue ofrecido por el Califa de Egipto, junto a las  varitas que usan losAlmuecines, batiéndolas la una contra la otra, para invitar al silencio a quienes hacen ruido durante el sermón.
El "Almuecín" es aquél que desde lo alto de los minaretes recuerda a los  fieles musulmanes la cita con las oraciones diarias prescritas por el Corán. Cinco veces al día, desde el amanecer hasta el atardecer.

Francisco debería haber recibido del Sultán también > un sayal blanco  < , que él probablemente vestía como salvoconducto durante las peregrinaciones a Palestina junto al > cuerno de marfil < colgado del cinturón.
Algunos historiadores atribuyen el don del Sayal a la dama romana Jacoba dei Settesoli.

Y en este peregrinar suyo por los lugares santos parece que abrió el camino a los demás cofrades para fundar los  conventos y los hospicios franciscanos en el Monte Sión, en Jerusalén, en Belén, en Nazaret y en el Santo Sepulcro, cuya custodia se encarga, ya desde ese lejano 1220, precisamente a los franciscanos, tal y como confirma, por otra parte, el embajador francés en Palestina, el famoso escritor francés  Chateubriand, quien en sus "Memorias de ultratumba", cuenta cómo encontró  unos documentos originales que confirmarían la fundación del convento en ese periodo histórico y el nombramiento de los franciscanos como guardianes.

Chateubriand, según refiere John Tolan en la página 296 del libro citado, recibe de los franciscanos, que lo hospedan en su Convento, "un honor que ni había solicitado ni se había merecido".
En su libro "Memorias de ultratumba" Chateubriand evoca a menudo el nombre de Francisco "mi > Patrón en Francia <  y mi > anfitrión en el Santo Sepulcro < que visitó" (ed, Longanesi, Milán vol.3, pág. 483), pero refiere una increíble iniciación a los "Caballeros del Santo Sepulcro" (1122),  efectuada con > la espada < de "Goffredo de Buglione" por el > Guardián franciscano < de los Lugares Santos, > el único < a quien se le reconoce el derecho a introducir nuevos miembros en la Orden.
Según el embajador francés en Palestina, se le otorga la investidura de Caballero – guardián de los Lugares Santos con> un rito < que puede  asemejarse según John Tolan al rito en el que había participado Nompar de Caumont en 1419 y también al rito en el que participó el cónsul inglés en 1856, al que se le mostraban también  los espolones de Goffredo de Buglione, conservados aún hoy en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.

La Orden de los Franciscanos cuenta en su seno, pues, con verdaderos > Caballeros del Santo sepulcro < ya desde la fundación del Convento en 1218 por obra de Fray Elías, enviado a Palestina precisamente para dicha tarea y que preparó su llegada seguramente no para  convertir, sino para obtener el respeto y la tutela de los Lugares Santos, tarea cumplida por más de 700 años, cosa además confirmada no sólo por distintos autores franceses y de otras nacionalidades, que sostienen  que el Sultán Malik al Kamil otorgó la custodia de los Lugares Santos en ocasión de la visita del Santo.

Los mismos vínculos de espíritu iniciático debía tenerlos sin duda también  Federico II, quien en los años 1228-29 llevó a cabo la misión de paz  de  fray Francisco y de fray Elías consiguiendo obtener, sin derramamiento de sangre, la cesión de Jerusalén, Belén y Nazaret, gracias a un hábil acuerdo político y diplomático con al-Kamil, acuerdo que levantó en ambos frentes una tormenta de indignación, tanto en el mundo árabe como en el de los cruzados, hasta el punto de obligar a Federico II a intervenir drásticamente con la fuerza de las armas, empleadas contra los aliados y no contra los acérrimos adversarios de siempre, cosa que debería hacernos reflexionar.

Estos son  "los análisis al contrario", que obviamente no se encuentran en la historiografía oficial, porque los sucesos, como se decía antes, siempre se leen y se interpretan "en el sentido justo", el de los "vencedores”, pero si vuelven a ser leídos de manera correcta, casi siempre proporcionan nuevos elementos decididamente discordantes con respecto a la  "verdad" que nos ha sido propugnada por los historiadores. Sobre todo nos proporcionan unos indicios importantes sobre las "verdaderas relaciones" que se instauraron entre Francisco, Elías y el Califa de Egipto, y luego con el mismo Federico II.

Efectivamente, si examinamos desde otra perspectiva las relaciones que se instauraron entre Francisco y Elías con Federico II y con el sultán de Egipto Malik el-Kamil, se comprende que se trató de un vínculo íntimo y profundo, de una relación de amistad espiritual y esotérica, que los mantenía  profunda e indisolublemente unidos entre ellos, como hemos intentado poner en evidencia en los otros capítulos dedicados a esta emblemática "relación diferente, demasiado diferente" a la que  "nos ha contado" la hagiográfica historiografía oficial.

Son demasiadas, en efecto, "las coincidencias" que prácticamente indicarían cómo Francisco no fue solamente "el mendicante" de Asís, ni Elías simplemente un "excomulgado" ni  Federico II "el Anticristo del Apocalipsis".

Calzolari, en el libro ya desaparecido desde hace tiempo  e imposible de encontrar, [1] hace notar con razón que:
"el nudo oculto que liga a estas tres figuras y que ha quedado bien lejos de ser  desatado de manera definitiva", también gracias a aquéllos que – como sucedió, por otra parte, con Celestino V y con la Basílica de Santa María de Collemaggio - , con innegable diligencia en el curso de la historia, se pusieron manos a la obra para hacer desaparecer documentos y manuscritos, además de objetos consagrados e importantes e insustituibles reliquias."

Para comprender la verdadera naturaleza y calidad de las relaciones entre Francisco y Elías y entre estos dos y Federico II y entre los anteriores y el Sultán de Egipto  Malik el-Kamil, sería indispensable reconstruir su historia y la sucesión de los eventos, distorsionados y escondidos tras muchos siglos de oscurantismo y de intencionado mimetismo histórico (tal y como afirma Dallari en su libro dedicado a la figura de Elías, que no por casualidad se llama El drama Fray Elías, Milán, 1974).  Pero esa no es nuestra tarea.

Creemos, en cambio , que "una lectura masónica" de los eventos a 360°, sin  prejuicios, pueda quizás hacer aceptar, vistos los tiempos que corren y el absoluto desprecio que tiene la opinión  pública por la pertenencia a Obediencias masónicas, esta notizia criminis .

Descubrir que "fray Francisco" y fray Elías eran "quizás" unos "frailes Masones" desmontaría finalmente "la historia de los Masones de Italia" que ya no nacería con "Garibaldi", único ejemplo imperecedero siempre citado de un verdadero y gran "Masón", sino que vería su origen  hace al menos 8 siglos, desde 1200, cuando se encontraron dos "caballeros de la Luz", dos verdaderos "guerreros del arco iris", seguramente dos "Elefantes Blancos", como "Malik", el elefante recibido como regalo por Federico II de parte del Califa de Egipto y que, no por casualidad, llevaba su nombre.

En realidad, es probable que tengan que pasar muchos, muchos años todavía para que esta "verdad", difícilmente refutable, aparezca de nuevo en el "Espejo de la Historia", permitiendo que vuelvan a leerse desde una perspectiva  y un ángulo distintos "los gestos" llevados a cabo por fray Elías ese 25 de mayo de 1230, fecha a la cual, gracias a una fortuita casualidad, me une otro vínculo igual de intenso y profundo, ya que es el aniversario de mi hija  Eleonora, en cuya Tesis de licenciatura "Cuerpo, Mente, Corazón, nuevas sinergias en la formación contemporánea" tanto me he inspirado a la hora de articular este Sitio y con la cual estoy trabajando desde hace tiempo en un proyecto común  > escribir  a dos manos un libro "Al descubrimiento de la intuición", cuyos primeros indicios, apenas bosquejados, se anexan al capítulo dedicado a la  "Masonería iniciática" y que querríamos titular, precisamente, "Un inocente condenado a la cárcel de por vida".

La misma condena le fue impuesta a fray Elías, que asumió la responsabilidad de un delito jamás cometido haciendo que lo condenaran al exilio y al olvido  por no revelar dónde  y por qué había escondido “la prueba" de su inocencia.

La cosa increíble es que su condena no se anulará jamás, porque de lo contrario se descubrirían a los verdaderos responsables de la fechoría histórica que se perpetró en su perjuicio.

Ello no nos impide analizar de nuevo "las nuevas pruebas", volviendo a examinar el significado de las operaciones rituales llevadas a cabo por fray Elías ese fatídico día, y el significado,  igualmente simbólico, de las 12 monedas de plata y de los 12 granos de ámbar > doce < como los 12 torreones semicirculares de piedra roja que giran alrededor de toda la iglesia y que se separan netamente de la cortina blanca.

Doce, que no es nada más que la suma del "cinco" con el "siete", que, en el lenguaje místico y esotérico, es el ejemplo del Orden Cósmico, donde  "el hombre microcosmos" (el cinco) se encuentra con "el Cielo Macrocosmos" (el siete) en la visión de una Jerusalén celestial, dotada de 12 puertas y de 12 piedras preciosas, que dominan la entrada.

Pero quizás el significado más preñado del mensaje en código dejado por fray Elías lo aclara muy bien fray Prospero Calzolari, también él > un masón < , quizás no practicante, pero sin duda de espíritu, con tantos indicios que parecen confirmar la elección de confiar la introducción de su libro, tantas veces citado por nosotros, a Alberto Cesare Ambesi, Hermano también él de demostrada fe masónica, pasado desde hace tiempo al Oriente eterno y cuyos escritos aún hoy, a todos estos años de distancia de su desaparición terrenal, siguen sirviendo como un estímulo y un  aliciente para proseguir el camino de conocimiento emprendido.

Que fray Próspero nos permita, pues, retomar una vez más sus observaciones:

"Estos objetos, preñados de significado, relacionados con la compleja simbología hermético-alquímica, no se agotan como tales, también porque fray Elías hizo que la cabeza del santo se apoyara sobre una "piedra angular" que, según el simbolismo tradicional, es, tanto por su forma como por su posición, la representación simbólica del principio según el cual "la piedra de ángulo" debe convertirse en "la cabeza de ángulo" que queda como la única en el edificio y que "encuentra su lugar al final de la construcción".

Concepto expresado por el Salmo 117, el cual recita textualmente: "La piedra descartada por los constructores se ha convertido en cabezal angular; he aquí la obra del Señor: una maravilla ante nuestros ojos"

"la piedra angular ", colocada por Elías secretamente > bajo la cabeza de Francisco < , indica que "su recorrido iniciático se había cumplido" siguiendo un itinerario que le había llevado a apoyar la cabeza sobre la "occultum lapidem", sobre la piedra angular, "sobre la última piedra", en realidad > la primera < , según fray Elías, que veía en Él a "la piedra filosofal", al nuevo Cristo y Eje del mundo, el cual, con su advenimiento había cumplido la Obra, abriendo el mundo a la nueva "Edad del Espíritu", vaticinada por Joaquín de Fiore, quien, según los dictámenes de la mística hebraica, utilizaba "los símbolos" como representación de la "Verdad".

"Si éste es > el significado secreto < de esta piedra angular, se comprende mejor el motivo que llevó a fray Elías a escoger la localidad denominada entonces con el nombre de "Colina del Infierno" como lugar para la erección de la Basílica y a cambiar su nombre por el de "Colina del Paraíso". Seguramente tenía en su cabeza las palabras de Mateo (XVI, 18):"Tu eres Pedro, y sobre esta piedra construiré mi iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella".

"Pero la inspiración para construir la Basílica de Asís sobre la "Colina del Infierno", que Elías luego volvió a bautizar con el nombre de "Colina del Paraíso", se la dio el mismo  Francisco, el cual había dicho que "un día esa colina se convertiría en la  "Entrada del Paraíso" (véase P. Benoffi, Compendio de Storia minoritica, Aggiunta, p.355) > "Puerta Del Cielo", o sea "Ianua Coeli". Una coincidencia o más bien una clara referencia "a las tres etapas  de la Obra", según una visión, por así decirlo, "dantesca" (la nueva ascensión al Paraíso a través de Lucifer).

"También la triple estructura de la Basílica - observa Calzolari - induce a unas idénticas conclusiones. En efecto, la subdivisión entre Cripta, Basílica y Basílica Superior se reconecta con el "camino iniciático", que de la descomposición de la carne conduce, a través del gradual proceso de purificación, a la gloria de los cielos para "volver a ver las estrellas", concepto que resume en sí el significado esotérico de la condición espaciotemporal, en el que se encuentra el hombre que debe experimentar la vida y sus pruebas con el fin de desnudarse de sus impurezas terrenas y alcanzar la perfección".

Este análisis  de Calzolari nos permite inevitablemente hacer > una lectura diferente < del Francisco que nos ha transmitido Buenaventura, con el cual nosotros no compartimos las decisiones, a pesar de que estén motivadas y justificadas por el particular momento histórico y por la total necesidad de preservar intacto el movimiento franciscano, desgastado por las divisiones y por la incomprensión del mensaje original de Francisco, que todos se creían capaces de interpretar y de seguir como ejemplo.

Francisco había mantenido intencionalmente su estado laico, sin tomar, como es convencimiento de muchos, "los votos", y sin celebrar, pues, la misa en calidad de "sacerdote". A este propósito véase la narración sobre la ceremonia del "pesebre".

En cambio es muy probable que sí tomara  "los votos de templario", comportándose toda la vida como un "monje-guerrero" de paz y no de guerra.

Fue el primer y único fundador de la Orden de los Frailes Menores, come De Paynes lo fue para la Orden del Templo, y no por casualidad escogió como símbolo el "Tau" ey no  la Cruz, a pesar de creer con la misma devoción y firmeza en  Jesús de Nazaret, hasta el punto de revivir en su cuerpo la mis pasión y la misma "via crucis", primer estigmatizado de Italia.


De sus actos y de sus comportamientos se deduce que siguió un preciso  "recorrido iniciático laico", siguiendo una metodología típica de grupos esotéricos, como demuestran no sólo los símbolos dejados sobre la piedra, sino sobre todo los dejados por Fray Elías alrededor de su cuerpo, valoraciones que dejamos a aquéllos más preparados y expertos en matera simbólica.
A nosotros nos gusta terminar este análisis haciendo referencia a la alegoría del Grial y de los caballeros de la Mesa Redonda.
Grial deriva de sangraal, que quiere decir "sangre real", la sangre que tiene el poder de purificar los pecados del mundo y entrar en contacto con las esferas divinas.



La sangre, el espíritu de Francisco era sin duda  "real" y "purísimo" y por esto debía conservarse en "una copa real", pero no "de oro", ni de valioso "cristal".



Fray Elías recogió esa sangre en una "Copa de Piedra", perfectamente pulida, precisamente debajo de su "Paraíso", dejando que sus restos mortales siguieran siendo fuente de esa inagotable energía divina, de esa potente energía que la santa reliquia seguía emanando en toda Su intensidad, manteniéndola indemne de contactos negativos e impuros.

Creemos que ésta es la verdadera razón de la incansable defensa y del pertinaz ocultamiento de este mágico Sitio, también porque fray Elías había mostrado poseer poderes de clarividencia – sabía leer el futuro como el más famoso  Nostradamus - y muy probablemente había podido asistir, ya en la lejana Edad Media, a la mercantilización de los restos mortales de otro pobre y humilde hermano.

Parece que los Frailes del Santuario de San Giovanni Rotondo se han olvidado precisamente del mensaje de San Francisco y de Padre Pío, basado en su pobreza absoluta y en la sencillez. Quizás deberían haber tomado ejemplo de fray Elías y de Papa Gregorio IX, que había comprendido perfectamente la decisión, respetándola y tutelándola, como todos los demás Papas que le han sucedido hasta 1818.

Giovanni Salvati


[1]  Prospero Calzolari, Massoneria, francescanesimo e Massoneria, ed. Sear.

Anexos (1)

Iglesia e Islam en la época de las Cruzadas..doc il 12/set/2009 12.29 da Giovanni Salvati (versione 1) 
86 k

Un hombre no puede cambiar el mundo
pero puede difundir
un mensaje
que puede cambiar el mundo