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La Masonería Iniciática



Hombres libres y de buenas costumbres

La Masonería italiana lleva ya tiempo sin contar con un papel y una identidad apreciables, y ello porque se ha dado más importancia, a la hora de seleccionar a los adeptos, al número y no a la calidad y a los valores éticos y morales en los que debería inspirarse la acción de una Institución iniciática.

El GOI y la Masonería italiana en general están contaminados, desafortunadamente, por agentes patógenos tanto estructurales como culturales que los han desnaturalizado completamente  y han alejado a los Hermanos de la vía iniciática.
La influencia de tipo iluminístico y social, tanto anglosajona como francesa (a las que, por otra parte, imploramos protección y reconocimientos no justificados de nuestros verdaderos y ciertamente no presuntos orígenes), ha acabado por hacer que predomine entre las columnas una búsqueda puramente intelectual, filosófica y social y, por consiguiente, esos criterios de afiliación y de aumentos de salario tan típicos del mundo profano.
Se tiene en cuenta el prestigio social, la cultura, a menudo la profesión, todas ellas cualidades interesantes para los profanos; pero se ignoran la cualificación iniciática, el crecimiento efectivo interior y el conocimiento profundo de los valores y de las herramientas necesarias para edificar el templo místico.
La Masonería, en efecto, debería tener el objetivo de ayudar a los individuos y al grupo para que aumenten sus propias capacidades y sensibilidades. Pero, desafortunadamente, la mayoría de los hermanos no puede ayudar a nadie porque no tiene nada que transmitir.
En nuestra Orden hay una total aculturización de las ciencias iniciáticas y de la “Verdadera Masonería”.
El Arte Real desafortunadamente (¿o gracias al Cielo?) desconocido por la mayoría, lo es también y sobre todo por aquéllos que han conseguido los más altos grados masónicos.
En el momento histórico actual, debido en parte a la escasez de instructores expertos pero sobre todo a la “ignorancia” difundida sobre la correcta aplicación de técnicas que dejaron de compartirse, muchos hermanos no son convenientemente preparados y forjados para este tipo de actividad, actividad en la que deberían sentirse progresivamente cómodos y que deberían considerar como adecuada para ellos, aunque se trate de una Tradición que ha identificado y experimentado determinadas técnicas de aprendizaje para cada situación, teniendo en cuenta las exigencias de las personas, la situación y el contexto.
Los resultados de esta experimentación, custodiados y legados a través del simbolismo muratorio, constituyen la doctrina y la Tradición, que deben ser entendidas como patrimonio de valores y de indicaciones operativas y no sólo teóricas.
El núcleo de la enseñanza iniciática está constituido, en efecto, por reglas e indicaciones operativas que tienen la finalidad de liberar la conciencia (en el lenguaje muratorio desbastar la piedra equivale a buscar la luz, que es luz mental y espiritual). A la liberación de la conciencia se puede llegar a través de diferentes vías.

La Vía muratoria está constituida por el Arte Real, tal y como se indica en los Rituales.
Símbolos, Rituales, leyendas, Palabras Sagradas y de Paso, “Transmisión de la palabra de boca a oreja”, hacen una referencia directa a esta Vía.
La Masonería debería volver a asumir la tarea de ayudar a los individuos y a los grupos para que aumenten sus propias capacidades y su sensibilidad.
Las salas rituales de hecho son momentos en los que, bajo la conducción experta de un maestro, el grupo debería experimentar y desarrollar las capacidades individuales y colectivas, solicitándoles que alcancen niveles de una intensidad cada vez mayor y comportamientos éticos cónsonos con los valores compartidos, como la lealtad, la sinceridad, la honestidad, mantener una coherencia en los pensamientos, en las palabras y en las acciones y así renunciar a dañar a los demás por medio no sólo de la acción, sino también del pensamiento o de la palabra.
Es igualmente importante conocer y respetar el propio cuerpo, intentando mantenerlo sano, sin ingerir alimentos nocivos y sustancias intoxicantes como tabaco o alcohol, o si no se puede prescindir de ellos, no excediéndose en su consumo.
Hay que aprender a controlar las propias reacciones emotivas y a tener un completo dominio de los sentidos de manera que se haga posible el desarrollo y el control del sentido menos utilizado de manera consciente y directa, la intuición.

Este enfoque psicofísico y ético ha dejado de ser considerado necesario e indispensable. En cambio, hubo un tiempo en el que el iniciado libre albañil era reconocido por su comportamiento. La rectitud era el carácter diferenciador del libre albañil. Esta nacía de la práctica de la idea de la “Recta Acción”, que no deriva de convenciones filosóficas ni de especulaciones intelectuales, sino de la experimentación práctica, o sea, del recorrido vivido dentro de los Templos, esto es, en ambientes consagrados y hechos idóneos para someter a los participantes en el Rito a un progresivo y cada vez más intenso influjo energético.
El comportamiento incorrecto en el interior y en el exterior de la Logia debería ser evitado siempre, no por motivos filosóficos o estéticos, sino porque lleva a la involución, al bloqueo de la energía, impidiendo que el sistema psicofísico alcance su propio Centro interior.
Todo hermano masón, de hecho, antes del inicio de los trabajos debería realizar un atento examen de conciencia y valorar si está preparado espiritual y físicamente para participar en el Rito, en el que su sistema bioquímico-atómico entra en contacto directo con los de los demás hermanos, que le transmitirán y a su vez recibirán todo lo bueno y lo negativo que han acumulado durante los días anteriores.
Sería indispensable y prejudicial (se debe usar el condicional porque ya nadie lo hace) que aquéllos que decidieran entrar en este > Micro-Centro de alta concentración biatómica <> Egregor < fueran conscientes de la absoluta necesidad de una completa purificación de los circuitos nerviosos, circulatorios y respiratorios, al estar sometidos los participantes en el rito (unidos entre ellos en un Egregor indisoluble hasta la terminación de los trabajos) a energías que modifican y aceleran los ritmos naturales de los centros vitales y de los sistemas respiratorios, circulatorios y nerviosos con el fin de perder la carga egocéntrica para entrar en contacto con la energía telúrica.
A partir de esta distinta forma de trabajar se comprende por qué se requiere llegar limpio y purificado en el cuerpo y en el espíritu, como es uso y costumbre hacer toda vez que se participa en una ceremonia, sobre todo si asume características rituales y sagradas (pensemos en la misa dominical).
La invitación metafórica dirigida a los hermanos de liberarse de todo metal antes de entrar en el Templo no debe interpretarse en el sentido de que sería oportuno dejar fuera del Templo objetos y dinero (como piensan la mayoría de los masones, habiéndose perdido su significado real), sino que en realidad lo importante es dejar fuera sobre todo las energías negativas acumuladas durante la semana.
En efecto, se participa en una ceremonia sagrada, que requiere un cuerpo sano y un sistema energético lo más libre posible de escorias y de toxinas.
El correcto enfoque subjetivo y la necesaria preparación psicofísica componene un factor propedéutico - educativo indispensable para que se pueda operar con eficacia sobre sí mismo y con los demás y se logre  hacer que los símbolos presentes en el Templo Masónico se hagan elocuentes, parlantes, a medida que se recorre correctamente, coherentemente el camino iniciático.
Y de manera contraria, cuando el Libre albañil descuida su carácter iniciático, estos conceptos pierden su sentido real y se reducen a simples enunciados sin participación verdadera.
Inicia el camino hacia abajo, el recorrido en descenso, que es contrainiciático y que produce el efecto contrario al deseado. En efecto, son pocos los que se dan cuenta de los efectos que produce la participación en los trabajos masónicos. Muchos están convencidos de que se trata de una pantomima, una “representación de trama” con valencias exclusivamente simbólicas y propedéuticas.
Si se eliminaran los prejuicios consolidados y se cambiara la mentalidad imperante se empezaría a comprender que el trabajo llevado a cabo por nuestros  “hermanos pasados” tiene unas precisas bases científicas, confirmadas por las más avanzadas investigaciones en la materia.
En un artículo publicado en la revista Hiram (n°1/2008), que llevaba por título “el Templo masónico como espacio meta-temporal entre edificación y desestructuración”, un hermano de comprobada experiencia quiso subrayar:

en el momento en el que se abre, según las reglas establecidas, una ceremonia cualquiera de carácter fuertemente espiritual, sacrifical y esotérico, se determina la apertura de una nueva dimensión temporal, más precisamente meta-temporal, puesto que el tiempo del rito ya no es el externo. Así como el espacio vulgar ha sido desestructurado, también el tiempo ha tomado, o mejor dicho, recibido, una nueva dirección, quizás muchas direcciones, entre las que se cuenta también la de la inmovilidad."


Es sabido que si viajásemos a una velocidad próxima a la de la luz nuestros relojes parecerían casi parados. Pues bien, también durante los trabajos de Logia el tiempo y el espacio experimentan diversas variables. Una vez interrumpido el tiempo profano, la Logia dicta un tiempo ritual que es colectivo, fijado por el propio rito, pero es el tiempo interior, el del iniciado (y el del que va a ser iniciado), el que se impone.
Es un viaje hacia atrás en sentido inverso al tiempo real, donde el Templo, siguiendo el movimiento de las esferas celestes, se transforma en  un Planetario vivo y pulsante, haciéndonos pasar del día a la noche, de un equinoccio a un solsticio a través de las constelaciones, en las que los símbolos zodiacales indican el camino.

Un viaje simbólico y real al mismo tiempo alrededor del mundo, en dirección Este. Viaje que no dura 80 días, sino pocos instantes, suficientes para “desestructurarnos” y para “abrirnos a una diferente dimensión temporal” de manera que pueda alcanzarse la completa detención del tiempo y consiguientemente de todos los pensamientos y de todas las sensaciones para abrirnos a una consciencia diferente. Un viaje aparentemente irreal que a través del movimiento hacia atrás del flujo induce a nuestro sistema biatómico a soportar, de manera totalmente inconsciente, unos niveles energéticos cada vez más elevados gracias al intercambio entre los diferentes componentes del Grupo, fundidos en el
Egregor de la Logia, que reequilibra y estabiliza el sistema respiratorio, el circulatorio y sobre todo el neurovegetativo de cada organismo, induciendo a todos los hermanos a una participación más intensa, uniéndose en esta cadena energética.
Cada hermano se mueve según su ritmo y su velocidad básica, pero es llevado a "un rendez-vous espacio- temporal", en el que se enganchan los unos a los otros, como naves espaciales, y forman un nuevo y más potente organismo vital.

El Grupo en verdad debería instaurar siempre un intercambio armonioso de energía con la consciencia del uso compartido y del empleo  útil de esta energía. El intercambio  armonioso de esta energía, en efecto, es una de las funciones del grupo y la energía del grupo es una función útil y precisa, porque rellena el depósito de energía en cada reunión. Seguramente son experiencias distintas, de variadas intensidades, en función de la capacidad de cada uno de los participantes, pero permiten acumular y difundir, regresando al mundo profano, la energía acumulada durante los trabajos de construcción.

Las Logias, en efecto, son momentos en los que, bajo la conducción experta de un Maestro, el Grupo debería experimentar y desarrollar las capacidades individuales y colectivas, haciendo que estas alcancen unos niveles de calidad e intensidad cada vez mayores para seguidamente saber expresarlas y mostrarlas en la sociedad, en el lugar de trabajo y sobre todo en casa con la familia.

Conviene subrayar que se trata de una preparación que tiene que dosificarse con cautela, porque debe influir sutilmente y de forma profunda. Si se emplea o se induce demasiada energía se corre el riesgo de hacer que esta se funda y se bloquee la energía del individuo o del grupo, como se ha podido constatar en muchos casos.
Muchos hermanos, y por desgracia son la mayoría, piensan, en cambio, que dicho potencial no existe por lo que no se puede ni controlar ni desarrollar, mientras que otros están convencidos de poder sostener unos potenciales altísimos y, cosa gravísima, se creen capaces de gestionarlos tanto de forma individual como en grupo.
En Occidente no se llegó hasta tan sofisticada elaboración doctrinal hasta la época de la civilización egipcia, cuyo patrimonio y enseñanza por desgracia se han dispersado y, lo que es más reprobable, ya no existe esa cultura y este continuo intercambio de ideas, sobre todo en la Masonería moderna, que ha dejado de ser capaz, como sería su tradición, de fundir en “unico corpus” > la energética, la psicosomática y la evolución espiritual, de manera tal que se vuelva a formar a los hermanos de manera tal que, a través de una instrucción personal y específica en los tres distintos grados, sepan ver, oír, oler, gustar y tocar el alma humana, convirtiéndose en “hombres de conocimiento”.
Se trata de un trabajo que requiere instructores experimentados y válidos, herederos y continuadores, junto a otros Maestros, de esta enseñanza de naturaleza personal y de grupo, elaborada en tiempos remotísimos por los Sumerios, por los Babilonios y por los Egipcios (cuyas enseñanzas más tarde confluirán en el Cristianismo de los orígenes a través de los Esenos y de los Judíos con la cábala), por los Griegos (Platón y Pitágoras), por los Romanos y, en épocas más recientes, por la Orden monástica guerrera de los Templarios, tal y como quiso Bernardo da Chiaravalle, de quien creemos que merece la pena recordar su modo de honrar y respetar a la tierra, que consideraba como un ser vivo y palpitante, casi más que cualquier otro ser vivo:

"Encontraréis más en los bosques que en los libros. Los árboles y las piedras os enseñarán lo que no saben enseñar vuestros maestros.
• ¿Pensáis que no sabéis chupar la miel de las piedras y el aceite de la roca más dura?

• ¿Acaso las montañas no destilan la sabiduría?
• ¿De las colinas no caen quizás la leche y la miel?
• ?Los valles no están llenos de trigo?
“¡Tengo tantas cosas que deciros que resisto a duras penas!”

(Epístola 106)

Son técnicas muy antiguas mantenidas intencionalmente ocultas, hasta el punto de que este planteamiento metodológico y práctico desafortunadamente ha dejado de ser aceptado, y mucho menos compartido, por la mayoría de los masones operativos. De esta manera, este planteamiento no se transmitirá ni se enseñará a aquéllos que decidan entrar a formar parte de un Grupo, que se cualifica como esotérico, compuesto por "Verdaderos iniciados en la Maestría y en la práctica del Arte real".

Una vez hechas estas necesarias premisas surge espontáneo preguntarse cómo ha sido posible que todo este patrimonio haya terminado dispersado y que resulte completamente incomprensible  para la mayoría de los masones.

¿Cuándo se ha embocado este sendero que nos ha conducido a este camino sin salida?

Si nos retrotraemos en la historia, sería fácil admitir que la fatídica fecha de 1717 no es realmente la fecha de nacimiento de una institución cuyas enseñanzas se pierden en el tiempo, tocando todas las civilizaciones y los grupos esotéricos de referencia y de guía.
Con extrema humildad y realismo debemos admitir que resulta difícil, prácticamente imposible, transmitir esta antigua enseñanza con un bagaje de confusas y variables presunciones de conocimiento, de incoherencias, contradicciones, desórdenes, desorganización, mentiras históricas, diletantismo y gris ignorancia, pero sobre todo resulta difícil por la notable masa de hermanos que no poseen ni las cualidades ni la capacidad ni la voluntad necesarias para emprender un trabajo interior descontaminado de objetivos profanos.
Somos conscientes de que el terreno lleva ya demasiado tiempo abandonado inculto y la simiente ha desaparecido y se ha dispersado, pero estamos convencidos de que en nuestro interior existen aún personas capaces de asumir unas responsabilidades bien precisas de renacimiento iniciático, pero o no se les proporcionan las condiciones para trabajar por el bien de la institución o no tienen interés en hacerlo, visto el contexto en el que deberían intervenir.

En un país que nos desprecia por desinformación sobre el rito y sobre el papel histórico e iniciático de la Masonería, el verdadero adversario está dentro del Goi, afectado por un mal que parece incurable e irreversible, siendo difícil cambiar mentalidad y herramientas operativas tan profundamente enraizadas.

Habría que anular todos los cargos, por supuesto sin perjudicar la autonomía y la libertad de la Logia, invertir los criterios de selección y de elección de los Maestros Venerables, que deben volver a ser instructores experimentados y válidos, en posesión de las enseñanzas para el uso correcto de las herramientas iniciáticas, capaces de guiar a los hermanos de la logia, enseñando el verdadero significado de los símbolos y de los rituales operativos, corrigiendo planteamientos equivocados y reequilibrando, con la ayuda de los Dignatarios y Oficiales de las Logias (igualmente expertos e instruidos en sus respectivas funciones), la energía del grupo a medida que las experiencias individuales y colectivas se intensifican, pasando por las tres distintas salas operativas. Es una enseñanza que debe ser tanto de naturaleza personal como de grupo.

Resulta, pues, cada vez más necesario y menos aplazable introducir de nuevo el trabajo muratorio en tres niveles (físico, anímico y espiritual) de manera tal que cada hermano debería tener la concienciación de la indispensable necesidad de enfocar toda la atención, toda la energía, en el aparato perceptivo físico-sensorial (en Grado de Aprendiz), en la esfera física (en Grado de Compañero), y en la herramienta mental (en Grado de Maestro) con el fin de dominar, singularmente y en grupo, los distintos niveles de operatividad y hacerlos efectivamente transmutadores.

El maestro Omar Ali-Shah hablando con orgullo de la tradición Sufí, decía “No existen - "trenes de la espiritualidad", a los que se pueda subir o de los que se pueda bajar a placer y a la propia discreción para alcanzar determinados niveles”.


La estación de la Masonería ha cerrado, se ha abandonado y por ella no pasa ni siquiera “un tren de vapor de la espiritualidad”, pero existen aún las locomotoras y muchos vagones abandonados en las vías muertas. Hay que volver a llamar a los viejos maquinistas, de manera que puedan enseñar a los jóvenes cómo se conduce un tren y así la estación volverá a vivir y a recibir de nuevo a los viajeros que esperan confiados en la sala de espera.
Creemos, pues, que ha llegado el momento de que cada uno de nosotros se haga un sincero examen de conciencia y decida si quiere seguir siendo un simple espectador, que no participa, o si por el contrario quiere convertirse en parte activa para hacer nuevamente operativa su estación y poder subirse por fin en el modernísimo tren de alta velocidad.

Giovanni Salvati Maestro masón .'.

 

“Aquila” non capit musca

Yo soy la Conciencia que se Despierta.
Esta es mi Belleza.
Yo soy la Conciencia que Crea.
Esta es mi Fuerza.
Yo soy la Conciencia que Ilumina.
Esta es mi Sapiencia.

¡Estas son las "palabras" que deberíamos escuchar!
¡Estos son los senderos que deberíamos recorrer!
¡Sería suficiente con este conocimiento para poder proseguir!

¡He aquí por qué estamos donde estamos! Y sin embargo:
Sería suficiente con este conocimiento para poder enderezar la Vía,
para pode retirar nuestro Salario.
Sería suficiente con este conocimiento para poder decir "todo es justo y perfecto".

Yo soy la Conciencia, el Testigo perenne que brilla al Oriente.
Sería suficiente con este conocimiento para poder Sería suficiente con este conocimiento para "Realizar"!
ADGADU
Altair